Educación, ¿con o sin Inteligencia Artificial?

Educación y sociedad, columna de Cesia S. Rodríguez Medina: Educación, ¿con o sin Inteligencia Artificial?

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La inteligencia artificial no puede pensar
porque no se le pone la carne de gallina.
Byung-Chul Han

La integración de la tecnología en la vida humana ha constituido un aporte significativo a lo largo de su desarrollo histórico; desde la invención de la imprenta hasta la consolidación del internet, las innovaciones se han convertido en elementos permanentes e indispensables. En consecuencia, hoy resulta difícil concebir un mundo sin dichas herramientas tecnológicas y de gestión de datos, dado el profundo impacto que ejercen en la vida cotidiana, tanto en el ámbito personal como en el social.

Sin embargo, ahora nos encontramos en una nueva fase evolutiva de la tecnología, caracterizada por el auge de la Inteligencia Artificial (IA), entendida como un conjunto de sistemas informáticos capaces de desarrollar tareas complejas que, por lo general, implican razonamiento humano, toma de decisiones y procesos creativos. En efecto, su potencial reside en la capacidad de procesar grandes volúmenes de información y generar respuestas con rapidez, lo que agiliza diversos aspectos de la vida cotidiana. Por ello, la hemos adoptado como una herramienta “útil” y la hemos incorporado con naturalidad, a menudo sin un cuestionamiento profundo, y en este proceso el ámbito educativo no ha sido la excepción.

Al respecto, existen opiniones divididas sobre el uso de la IA en el ámbito educativo, en el sentido de que no se convirtió solo en una herramienta para el aprendizaje, sino que la mayoría de los procesos cognitivos simples y complejos que deben desarrollar los estudiantes son ahora cedidos a la IA, limitando el pleno crecimiento intelectual, a su vez negando la concepción de que la educación debe proteger y promover el desarrollo humano.

El filósofo Byung Chul Han en su libro “No-cosas”, menciona que la IA basa su inteligencia en la correlación; es decir, la probabilidad, por lo tanto, su mecanismo solo predice con base en el cúmulo de datos
que obtiene y acumula, esto según la lógica de Hegel representa una de las formas más bajas del saber. Sin embargo, la IA puede ser altamente eficiente en términos operativos, en el ámbito educativo esto puede traducirse en un recurso útil para tareas prácticas o de apoyo, pero, en términos de procesos cognitivos complejos, su uso indiscriminado puede limitar el aprendizaje, al desplazar la reflexión, el análisis crítico y la construcción autónoma del conocimiento.

Por otro lado, aún no se cuenta con evidencia científica suficiente y actualizada que permita afirmar de manera concluyente que la incorporación de la IA generativa mejora el aprendizaje de los estudiantes. De hecho, desde la integración de las tecnologías en el ámbito educativo, se ha sostenido de manera reiterada que su impacto no depende de la herramienta en sí misma, sino del enfoque pedagógico y de las estrategias metodológicas que orientan su uso. En este sentido, la tecnología, por sí sola, no garantiza procesos de aprendizaje significativos, sino que requiere ser articulada de forma crítica e intencionada dentro de prácticas educativas bien fundamentadas.

Finalmente, es importante saber que el uso de la IA pone en riesgo otros aspectos de interés colectivo, y es el hecho de que su consumo va en detrimento de la humanidad al funcionar con un alto costo ecológico, derivado del uso intensivo de energía y recursos naturales. Es por esto que en el medio educativo se acerca un escenario complejo donde debemos replantearnos el lugar que ocupa la IA y así poder evitar su uso desmedido sin fines formativos.

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