PISA 2025, una radiografía
Educación y sociedad, columna de Cesia Rodríguez Medina: PISA 2025, una radiografía
Los sistemas educativos, a nivel mundial, a menudo se cuestionan constantemente su propio sentido y finalidad, a partir de los resultados que observan y de las transformaciones de un mundo que cambia y responde a nuevas necesidades sociales. En este contexto, el sentido de la educación, así como la formación y preparación de niñas, niños y jóvenes, se reconfigura periódicamente con el propósito de brindar a cada persona oportunidades para desarrollarse y construir una vida digna, tanto en el ámbito personal como en el profesional.
En este escenario, la prueba PISA 2025 ha contribuido a reafirmar algunas hipótesis que ya se discutían en el ámbito educativo después de la pandemia por Covid-19. Entre ellas, se encontraba la posibilidad de que el rezago educativo fuera uno de sus efectos, así como que la incorporación acelerada y poco regulada de la tecnología pudiera incidir en determinadas habilidades cognitivas de las y los estudiantes. A ello se sumaron los efectos derivados de la limitada socialización, las dificultades para relacionarse y las nuevas formas de establecer vínculos. Los resultados permiten observar algunos de estos fenómenos y aportan elementos para continuar analizándolos.
Pero ¿qué significado tiene este reporte para la sociedad? En primer lugar, sus resultados pueden proporcionar información relevante para orientar el análisis, la discusión y la formulación de políticas públicas en materia educativa. Asimismo, permiten establecer comparaciones entre distintos países y sus sistemas educativos, particularmente en relación con determinadas habilidades y aprendizajes considerados de alcance internacional. En este sentido, PISA puede ofrecer una especie de radiografía comparativa de algunos aspectos de la educación a nivel global.
Sin embargo, es importante reconocer los alcances y las limitaciones de este instrumento. Aunque PISA evalúa habilidades que pueden considerarse relevantes y comparables entre distintos contextos, cada país posee un sistema educativo diferente, así como condiciones sociales, económicas, culturales y demográficas particulares. También existen diferencias importantes en materia de inversión educativa, infraestructura, recursos disponibles y oportunidades de acceso. Por ello, los resultados no pueden interpretarse de manera aislada ni utilizarse como una medida absoluta de la calidad de un sistema educativo.
PISA es, sin duda, un instrumento útil para obtener información, identificar tendencias, establecer comparaciones y generar preguntas sobre los aprendizajes de las y los estudiantes. No obstante, no es el único instrumento válido para evaluar los aprendizajes ni puede, por sí solo, ofrecer una visión integral de lo que ocurre en un sistema educativo. Su verdadero valor está en interpretar sus resultados junto con otras evidencias e instrumentos de evaluación que permitan considerar la diversidad de contextos, procesos y dimensiones que intervienen en la educación. En ese sentido, los resultados de PISA deben interpretarse como lo que son: una fuente de información que aporta elementos importantes para comprender determinados aprendizajes, pero que requiere ser complementada con otras evaluaciones y con el conocimiento de las realidades concretas de cada sistema educativo.
Desde esta perspectiva, es importante entrever que un sistema educativo siempre será cuestionado; quizá no haya ninguno que pueda definirse como perfecto. Lo verdaderamente importante es que quienes definen los caminos educativos sepan responder al momento histórico que se vive y, al mismo tiempo, a los altos valores humanos que deben orientar toda acción educativa. Finalmente, más allá de cualquier prueba, indicador o resultado, el sentido último de educar es “dar al hombre las llaves del mundo, que son la independencia y el amor, y prepararle las fuerzas para que lo recorra por sí”, como señalara José Martí.
