Unidad, verdad y dignidad

Palabra de mujer, columna de Ivette Laviada: Unidad, verdad y dignidad

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Unidad, verdad y dignidad son las palabras claves del reciente discurso del Papa León XIV al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede en días pasados. Dado en un contexto internacional marcado por la fragmentación, la polarización ideológica y el debilitamiento del diálogo entre naciones, sus palabras ofrecen una brújula moral que merece ser leída con atención. No se trató de un mensaje técnico ni coyuntural, sino de una reflexión de fondo sobre los pilares que sostienen una convivencia auténticamente humana que desde el inicio de su pontificado ha señalado una y otra vez, insiste en la unidad, la paz, la dignidad de la persona y el respeto a la verdad.

El Papa recordó que la diplomacia no puede reducirse a la mera negociación de intereses, sino que debe ser, ante todo, un servicio al bien común. La unidad entre los pueblos —subrayó— no nace de la uniformidad ni de la imposición, sino del reconocimiento de la dignidad intrínseca de cada persona, más allá de su origen, cultura o condición. Allí donde se pierde esta referencia, la política se vacía de ética y la paz se vuelve frágil y provisional. Un punto central del discurso fue la defensa de la dignidad humana como fundamento irrenunciable de todo orden social justo. El Papa insistió en que no puede hablarse de derechos humanos de manera selectiva o condicionada. Toda persona vale por lo que es, no por lo que produce, opina o representa. Esta afirmación tiene implicaciones directas en temas tan sensibles como la protección de la vida, el respeto a la familia como núcleo básico de la sociedad y la salvaguarda de los más vulnerables.

Especial relevancia tuvo su llamado a proteger la libertad de conciencia y de religión, no como concesión del Estado, sino como un derecho previo que brota de la naturaleza misma de la persona. Sin esta libertad, advirtió, las democracias corren el riesgo de convertirse en sistemas formales donde se tolera la diversidad solo mientras no cuestione los consensos impuestos.

Finalmente, el Papa alertó sobre un fenómeno cada vez más frecuente: la manipulación del lenguaje. Cuando las palabras se vacían de su significado o se redefinen según intereses ideológicos, se erosiona la posibilidad del diálogo y se debilita la búsqueda compartida de la verdad. Nombrar la realidad con honestidad no es un acto de intolerancia, sino una condición indispensable para la paz.

En tiempos de incertidumbre global, el mensaje del Papa León XIV recuerda que no habrá auténtica unidad sin verdad, ni paz duradera sin dignidad, ni diplomacia fecunda sin una visión integral del ser humano. Es una invitación —también para nuestras sociedades— a recuperar el valor de la palabra, el respeto a la conciencia y el compromiso con lo verdaderamente humano.

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