¡Para qué estudiar, es mejor comprarlos!

Bufete jurídico, columna de José Luis Ripoll Gómez: ¡Para qué estudiar, es mejor comprarlos!

|
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram

“La gloria es un veneno que hay que tomar
en pequeñas dosis.”
Honorato de Balzac.

El filósofo Thomás Hobbes nació en Westport, Inglaterra, particularmente interesado en filosofía política. En el siglo XVII planteaba que una de las causas de disputa entre los hombres era el deseo de fama o gloria. Es decir, ser reconocido por los demás es una constante que provoca
problemas entre los hombres.

Pues bien, hoy, en pleno siglo XXI, sigue siendo un elemento de análisis. Nos llamó poderosamente la atención una publicidad en redes sociales: ¿Busca un doctorado corto? Otro promocionaba doctorados “honoris causa” a bajo costo”. Para qué estudiar si lo puedo comprar. ¿Qué pretende quien intenta comprar un doctorado honoris causa?

Los que no lo compran, lo quieren obtener con un doctorado a modo. De fácil realización. ¿Por qué muchos quieren estudiar doctorados? ¿Se pusieron de moda? En Yucatán, como en la mayoría de los estados, la oferta académica es vasta. Doctorados en línea, presenciales, semipresenciales para ejecutivos, etc.

En un año y eres doctor en algo. No es necesario que investigues, basta con los pagos y simular presencia en clases para acreditar y lograr tu título. Para qué estudiar es mejor comprarlos. No son necesarias complicadas tesis y sus correspondientes réplicas en exámenes orales. Te gradúas por promedio. Es fácil lograr altos promedios. No hay exámenes de ningún tipo. La educación se mercantilizó. Lo importante es pagar, no aprender. El título, no el esfuerzo. Doctores que nunca han realizado investigación, doctores que no saben investigar.

La sensación es que todo es líquido, diluible, con fecha de caducidad. La ceremonia de imposición de doctorados “honoris causa” que se aprecia a través de redes sociales es una pantomima. Ataviados con toga negra, algunos llevan incluso zapatos vaqueros. Como si se tratase de una burla. Otros no saben qué hacer con el birrete que parece una gorra mal puesta. Los ilusos galardonados, algunos de ellos gente famosa, deportistas, artistas, etc. juegan el juego de la seriedad. Simulan creer el doctorado “honoris causa”. Han desembolsado más de 30 mil pesos para ser merecedores de dicho título.

Los organizadores esgrimen que transforman vidas, aportan a la salud mental, abren caminos y transforman vidas. Las caras serias e incrédulas revelan la farsa que es. Los doctorados honoris causa deben ser personalizados, no eventos masivos donde se invisten a ocho o diez personas. Se les otorga a mujeres y hombres que se han destacado por su aportación comprobada a la sociedad, a la cultura, al derecho y, en general, al desarrollo de la sociedad. No debe ser premio a la fama.

No todo es mentira, simulación y engaño. En Yucatán, existen doctorados serios, de los que cuesta esfuerzo terminar. De los que promueven el método de estudio e investigación. Pocos, pero los hay.

Es verdad que en el mundo de hoy no basta con los estudios de licenciatura, es menester seguir profundizando. Todas las maestrías y doctorados deben pretender formar profesionistas probos y capaces, hombres y mujeres que el país necesita. No simuladores en busca de fama y gloria para presumir algo que no son ni lo han ganado.

Lo más leído

skeleton





skeleton