Entre el esplendor del pasado y las sombras del abandono

Bufete jurídico, columna de José Luis Ripoll Gómez: Entre el esplendor del pasado y las sombras del abandono

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Los dos elementos que el viajero capta 
por primera vez en la gran ciudad son
la arquitectura extrahumana y el ritmo 
furioso. Geometría y angustia.
Federico García Lorca

El Paseo de Montejo no es sólo una avenida. Es la columna vertebral de la identidad yucateca y el testimonio de una época en la que Mérida se miraba en el espejo de París. Porfirio Díaz quiso traer algo de la “Ciudad luz” a la “Ciudad blanca”. Hoy, gracias a esa acción, hay gente que hace de esta avenida un lugar de trabajo y posibilidad económica. Detrás de las fachadas majestuosas que adornan las guías turísticas, late una realidad de descuido, suciedad y casonas que sucumben con el tiempo y la burocracia.

Esta avenida fue construida entre 1888 y 1904. Nace bajo el impulso de las familias más acaudaladas de la era del henequén. Inspirada en los Campos Elíseos de Francia, su objetivo era mostrar al mundo la modernidad y la riqueza de Yucatán.

Durante décadas, la avenida fue el epicentro de la vida social. Palacetes como la Casa Cantón, las casas gemelas o la Quinta Montes Molina, se alzaron como símbolos de una arquitectura neoclásica y ecléctica sin igual en México. El paseo era un paseo de las élites, un refugio de árboles frondosos y orden urbano.

Hoy el panorama es distinto. Muchas casonas se encuentran atrapadas en litigios interminables entre herederos o bajo la lupa del INAH. La cereza del pastel son los monumentos garafateados por mujeres reclamando derechos y reconocimientos de su condición.

Las banquetas abandonadas, sucias y elevadas que pueden ocasionar accidentes a ciudadanos y turistas internacionales, nacionales y locales. El poco mantenimiento parece concentrarse únicamente en el asfalto y algunas áreas verdes de los camellones centrales. Dejando las aceras peatonales en un estado lamentable.

¿Por qué se permite que la “Joya de la Corona” de Mérida se opaque? La transformación de casas en sucursales bancarias u oficinas ha quitado el toque humano a la avenida. Por las noches, tramos enteros de Montejo se vuelven oscuros y desiertos. Aunque se han hecho esfuerzos como la bici-ruta o adecuaciones viales, no parece haber un plan municipal de limpieza y restauración de fachadas, así como de limpieza y reparación de escarpas, que abarca la totalidad de la avenida y no solo ciertos puntos.

Paseo de Montejo no puede seguir viviendo sólo de la gloria pasada. La suciedad y el abandono no son sólo problemas estéticos; son señales de una pérdida de memoria histórica.

Las autoridades municipales presumen de la “Ciudad blanca”. Para que ese título siga siendo una realidad y no una ironía, el Paseo de Montejo debe recuperar su brillo, dejando atrás el polvo del descuido y las sombras del abandono que hoy amenazan su legado. 

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