Tratado de límites entre la “G” y la “J”
Bufete jurídico, columna de José Luis Ripoll Gómez: Tratado de límites entre la “G” y la “J”
"Las mayúsculas gritan, las minúsculas conversan;
juntas cuentan la historia completa"
Anónimo
La comunicación digital, la vida light, las redes sociales y la mensajería instantánea, son fenómenos que han favorecido un uso más flexible del lenguaje escrito en el que con frecuencia se omiten tildes, signos de puntuación o mayúsculas para escribir con la rapidez de la vida moderna. ¿A quienes les interesa si lleva tilde o se escribe con h que es muda?
Como bien proponía Gabriel García Márquez, había que firmar un tratado de límites entre la “g” y la “j”. Los límites entre ambas letras no dependen únicamente de su pronunciación, sino del origen de las palabras y de las normas de la Real Academia Española (RAE). Debido a que el sonido puede ser prácticamente igual en muchos casos, la mejor manera de evitar errores es conocer las reglas ortográficas, leer con frecuencia y consultar el diccionario cuando exista duda. No es lo mismo la palabra cajón que escribirla con G. “Inglés” sin acento, deja de ser un idioma y se convierte en una zona erótica.
Los hablantes solo percibimos el contexto; no solemos distinguir el acento en lágrima y lagrima, ni entre el verbo y el sustantivo, revolver y revólver. Papa el sumo pontífice y Papá el ascendiente de una persona; Hábito ropa del monje, y habitó del pasado del verbo vivir; Círculo, como figura geométrica, circulo, “camino por ahí,” circuló del verbo transitar; público, lo concerniente a la gente, publico, relativo a “edito un libro,” y publicó del verbo publicar; Cálculo, operación matemática, y calculo “yo hago la cuenta”, y calculó del pasado del verbo calcular; Sábana, tela de cama, y sabana, llanura tropical sin árboles.
En defensa del uso correcto de mayúsculas y minúsculas se trata de algo más allá de una simple convención estética, es un pilar fundamental de la estructura, la claridad y el respeto en la comunicación escrita. Su función principal es jerarquizar la información y orientar al lector a través del contexto, actuando como si se tratase como modernas “señales de tráfico” que indican donde comienza una idea y que elementos poseen una identidad propia.
Los jóvenes de hoy desdeñan las mayúsculas y minúsculas; es común verlos escribir o todas mayúsculas o todas minúsculas. “Es lo mismo” me llegó a decir un joven estudiante de universidad.
Será acaso que las personas mayores somos una especie de ilusos en contra de quienes consideran que este tipo de reglas deben desaparecer y debemos darle al lenguaje escrito un nuevo significado acorde con los cambios tecnológicos y avanzados como la IA.
El dominio de las reglas del uso de mayúsculas y minúsculas refleja el nivel de profesionalismo y cuidado de quien escribe. Una correcta alternativa entre mayúsculas y minúsculas no solo demuestra respeto por las normas del idioma, sino que garantiza que el mensaje sea interpretado con la seriedad y la intención con la que fue creado, facilitando una compresión plena y efectiva.
