“Perder el piso” en política

Bufete jurídico, columna de José Luis Ripoll Gómez: “Perder el piso” en política

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“La política es un arte del carajo, 
hay que quedar bien con los de 
arriba y chingarse a los de abajo”.
Filósofo de Güemez

“Perder el piso” es una expresión que significa no estar ubicado o, peor aún, creer que la persona está por encima de los demás, que no se lo merecen por ser privilegiada. “Perder el piso” es marearse por algo que se tiene y creer que, por ello, los demás son menos importantes. “Perder el piso” significa que la persona, debido al éxito, al poder, al dinero o al reconocimiento, cambia su forma de actuar y comienza a comportarse con arrogancia, soberbia o desprecio hacia los demás. Esta actitud negativa puede llevar a la persona a olvidar sus valores, sus orígenes y el esfuerzo que realizó para alcanzar sus metas. En lugar de mantener la humildad, se siente superior, lo cual puede afectar sus relaciones personales, familiares o laborales.

El poder político mal entendido también suele ser un factor que provoca “perder el piso”. Cuando el político piensa que ser diputado local es poca cosa y, por tanto, aspira a la diputación federal o al Senado, según él, “lo merece”. Aspira no por méritos, sino por vanagloria a cargos públicos de mayor jerarquía, de jefes a directores y, a su vez, a subsecretarios o secretarios. Cuando el político cree que merece más de lo que tiene. El político que ha perdido piso trata con desprecio a la gente. Cree que el poder es eterno y nunca cambiará su estatus. Tratar con arrogancia a todos también es una forma de perder piso. Tener los pies firmes sobre la tierra es el antídoto contra “perder el piso”.

Esta misma expresión en política puede llegar a tener varias acepciones. Primero, ya no cuenta con el respaldo de la gente; segundo, se desconectó de la realidad; vive en un mundo que no es real, vive alejado de la gente; tercero, actúa con exceso de autoritarismo. Por tanto, perder piso en política es perder el equilibrio, el respaldo o el sentido de la realidad, lo que suele afectar a la credibilidad y a la capacidad de liderazgo de un político.

El político altanero que siente que con solo su nombre es capaz de ganar elecciones y tener el respaldo del pueblo, en muchos casos termina arrumbado y olvidado. Perdido en el mundo. Algunos integrantes de la clase política suelen tener una vida dispendiosa alejada de lo modesto. 

La soberbia en la política es una actitud en la que un dirigente o servidor público se considera superior a los demás, cree que siempre tiene la razón y deja de escuchar las opiniones de la ciudadanía, de sus colaboradores o de la oposición. Los políticos soberbios suelen rodearse de personas expertas en el arte de adular, pues siempre les dan la razón. No se atreven a contradecir. Alguien se atrevió a decir: “Quien solo escucha elogios termina por creer que nunca se equivoca”.

Propongo que, cuando algún político sienta que “pierde el piso”, como terapia se suba al democrático autobús o camine varios kilómetros para llegar a su destino, o tenga la necesidad de trabajar todo el día para recibir el salario mínimo. Quizá eso lo ubique en su exacta dimensión.

¿Conocen algún político que haya perdido el piso? 

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