Desde ahora te acompañaré a casa

Lecturas, columna de Julia Yerves Díaz: Desde ahora te acompañaré a casa

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Se sabrán reconocer todas aquellas complicidades que fueron destinadas a encontrarse. Sucederá en el tiempo adecuado, y bajo las circunstancias correctas. Antes de eso, la vida será una suerte de intentos y esperanzas que no terminan de concretarse porque todo cuanto sucede antes del día perfecto, es en realidad inválido. Duro de pensar, por supuesto, pero real.

En la vida nos cruzamos con muchas personas y decidimos caminar en paralelo con algunas de ellas. Luego, la vida, caprichosa y terca, nos aparta porque algo no terminaba de cuadrar o porque algo estaba rompiendo el alma de alguna de las partes. Separaciones, tiempo, distancia, silencio, soledad. Y un día sucede. Un contacto, un encuentro que es más bien reencuentro y un fluir a cuerpo suelto porque hemos encontrado el sitio que queremos habitar fuera de
nosotros.

Nos regocijamos en el hecho de sentir y saber que nuestro espíritu está libre. Que todo cuanto hacemos es auténtico, brutal, real, tuyo, nuestro. Todos los caminares anteriores se borran para siempre y nuestros pasos dibujan de ahora en delante dos líneas paralelas infinitas que prometen traspasar todas las eternidades. Somos los suertudos, los afortunados.

En “Desde ahora te acompañaré a casa”, del autor noruego Kjell Askildsen, estamos frente a un relato que nace de la inocencia de la juventud y, al mismo tiempo, de la certeza madura de que hemos encontrado, pronto en la vida, a nuestra persona.

Dentro de la historia seguimos los pasos de dos jóvenes que viven los primeros tiempos del encuentro. Su inocencia avalada por la edad inmadura que los representa, está a punto de ser perdida en una forma natural, honesta, torpemente única.

El escenario es el bosque. Un día nublado sin lluvia por el momento y el sonido de sus pasos rompiendo las hojas. Su diálogo es único y al mismo tiempo cada intervención devela un mundo que les pertenece solamente a ellos. Como si sobre sus cabezas flotara lo más puro de sus almas, lo más honesto de sus existencias y las historias mínimas que se cuentan el uno al otro con el corazón dispuesto.

Quizá lo verdaderamente significativo no reside en los hechos sino en la forma en que los habitamos mientras suceden. Deberíamos mirarlos así, como instantes de fragilidad donde todo gira a nuestro favor y donde sin saberlo, en un mundo con tantas cosas ocurriendo al mismo tiempo, hay dos seres que encuentran la belleza en la verdad de un amor sin artificio.

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