“La Ausencia” de Mónica Lavín
Letras al viento, columna de Karla Martínez Herrera: “La Ausencia” de Mónica Lavín
La lluvia intensa, calles encharcadas, así como el exceso de tráfico me pusieron nerviosa, ya que tenía programada una entrevista con la escritora Mónica Lavín. Sin embargo, la emoción que sentía
por conocerla en la FILEY no disminuyó. A tiempo y después de un cálido abrazo, iniciamos la pactada conversación, de la cual comparto las principales ideas.
La novela “La Ausencia”, de Mónica Lavín, nace, más que de una idea única, de la acumulación de inquietudes, recuerdos y hallazgos que, con el tiempo, terminaron por entrelazarse. La autora revela que el germen de este libro se remonta a una residencia literaria que realizó en Nueva York, donde años atrás descubrió una coincidencia que la marcaría: tres escritoras, Katherine Anne Porter, Eudora Welty y Carson McCullers, habían coincidido en ese mismo espacio. Aquella imagen quedó latente durante una década, sin que aún supiera que sería el corazón de una novela.
A esa memoria se sumó una exploración más reciente: el juego con lo fantástico. Lavín confiesa que, tras escribir un cuento donde una mujer atraviesa el tiempo al cruzar un paso a desnivel en la Ciudad de México, descubrió una libertad creativa que decidió llevar más lejos. Así, “La Ausencia” se convirtió en una obra más experimental, donde el tiempo, la memoria y la imaginación se entrelazan.
Pero hay otro eje más profundo: la ausencia como experiencia humana. No sólo la desaparición física de alguien, una herida abierta en el contexto social actual, sino también la incertidumbre que deja el no saber. ¿Qué ocurre cuando alguien simplemente deja de estar? ¿Murió, decidió irse, se perdió? Para Mónica esa duda es una de las formas más dolorosas de la ausencia. A ella se suma la ausencia de ideas, ese vacío creativo que puede desestabilizar a quien escribe.
En ese laberinto aparece Lavinia, un personaje ficticio al que la autora dota de sus propios temores, el miedo a perder la chispa creativa. A diferencia de las escritoras históricas, cuya vida está documentada,
Lavinia le permitió a la novelista explorar con mayor libertad, imaginar su origen y sus decisiones, y preguntarse de dónde nace realmente una tejedora de palabras.
La construcción de los personajes fue, en sí misma, una indagación. Lavín se interesó especialmente en cómo estas mujeres negociaron su vida personal con la escritura en contextos conservadores. Escribir, afirma, es siempre una postura ante la vida, incluso un acto de rebeldía. En ese sentido, cada personaje encarna una forma distinta de abrirse camino.
El proceso de escritura tomó casi tres años y no estuvo exento de dificultades. Uno de los mayores retos fue estructurar los distintos tiempos narrativos y encontrar el equilibrio entre las voces. La novela, comenta, terminó siendo un rompecabezas que exigió reescritura y precisión quirúrgica.
Más que ofrecer respuestas, su novela “La Ausencia” busca generar preguntas. Lavín imagina a sus lectores como personas inquietas, con sentido del humor y una necesidad constante de ir más allá. Porque, al final, tanto escribir como leer responden a esa misma sed, la de encontrar, en medio de la incertidumbre, otra forma de entender la vida.
