La lucha tiene rostro de mujer

Letras al viento, columna de Karla Martínez Herrera: La lucha tiene rostro de mujer

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La escritora Lydia Cacho es reconocida por sus reportajes periodísticos, debido a su profesionalismo y credibilidad. Ya que se embarca en una investigación exhaustiva para desenmascarar a políticos y empresarios de alto calibre, como lo documentó en su libro “Los Demonios del Edén”, que la puso en el ojo del huracán, y le trajo innumerables hostigamientos, secuestro, así como el atentado a su persona, por lo que tuvo que exiliarse en España.

Admiro y respeto su trabajo, por lo que había mantenido el ritmo de las publicaciones de sus libros. Me sorprendió enterarme, que, después de mucho tiempo en silencio, al fin había sacado un nuevo libro titulado “Un halcón bajo mi ventana”, por lo que procedí a adquirirlo y por supuesto leerlo.

Es un poco diferente al tipo de literatura que normalmente escribe, ya que, en este caso, es más novelada. Pero con la calidez, crudeza, calidad investigativa y empatía que la caracteriza.

La historia relata la vida de Julieta, una adolescente de 14 años, que vive con Clara, su madre, hija de sobrevivientes y exiliados españoles que llegaron a México huyendo de las atrocidades franquistas. Por otro lado, se encuentra Fernando, su padre, perteneciente a una familia cuyo linaje militar impera en sus venas, por lo que el choque entre su vida marital, al lado de su esposa rebelde, feminista y activista, y la familiar donde abunda la disciplina, así como el cumplimiento de leyes y normas, estuvo presente a lo largo de la historia.

Clara, con el ímpetu revolucionario forma un círculo de mujeres, otras luchadoras que como ella tienen la esperanza de abrirle camino a nuevas generaciones para que puedan gozar de derechos que se ven mermados con la sociedad machista, antirrevolucionaria, que las rodea.

Entre las mencionadas en este grupo, se encuentran escritoras, pintoras e intelectuales famosas como lo son Alaíde Foppa, Elena Garro, Rosario Castellanos, Rina Lazo, así como Élisabeth “Zaza” Lacoin quien fuera la mejor amiga de Simone de Beauvoir.

Todo esto se va gestando a mediados del siglo XX, en el auge de las marchas estudiantiles del 68 y culminando con el famoso “Halconazo” en 1971.

Julieta va adentrándose en las dinámicas de estas mujeres empoderadas, debido a que también participaba activamente en las reuniones, así como en las marchas. Vio de cerca la barbarie, el sometimiento, y la muerte de una persona muy allegada a ella, que la hizo reflexionar sobre la existencia, el objetivo puntual de las luchas, así como su propia misión en la vida.

Al mismo tiempo de experimentar las revueltas, también lo hacía en su vida personal, amorosa y en el descubrimiento de la pasión y sexualidad.

Pasó por muchas tormentas, que la hicieron crecer como persona, conoció a mujeres interesantes, aguerridas que le dieron forma a su manera de pensar y actuar en la vida, y a no dejarse intimidar por nadie, así sea de su propia familia. “Todos los días seré valiente frente a la tiranía, iremos de la mano, ustedes y nosotras hasta el fin de los días”, señala la autora. 

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