El corazón en invierno
Letras al viento, columna de Karla Martínez Herrera: El corazón en invierno
“El mundo es un lugar cruel e injusto.
Sólo es seguro para los sabios”.
El juez, en el Jorobado de Notre Dame
Dicen que cada cabeza es un mundo, por ende, cada familia es un universo, en el cual las situaciones, problemas, costumbres son propiedad de quienes las ejercen en sus distintos roles.
“Malasangre” (1981) es una obra de teatro de la escritora y dramaturga argentina Griselda Gambaro, que se divide en 8 actos, en los cuales se va desarrollando la historia de Dolores, nacida en una familia de mucho dinero y poder, donde el padre llamado Benigno, es el que ejerce su autoridad y control hacia los integrantes de su familia, así como de sus sirvientes.
Es un hombre frívolo, autoritario acostumbrado a hacer lo que se le antoje con la vida de su esposa, su hija Dolores, y a través del miedo y el dolor las doblega para afianzar su control.
Es importante tomar en cuenta el contexto en el que fue escrita la obra, que es un reflejo de lo que acontecía en la Argentina de 1981, donde sufrían una clara crisis económica, así como el desgaste de una dictadura militar que controlaba a la sociedad con medidas represivas e injustas, denominado “Proceso de Reorganización Militar”.
Dolores era la que luchaba contra el molde impuesto dentro de su dinámica familiar, ya que no era partícipe de las medidas extremas que ejercía su padre para tratar de controlarlas tanto a ella como a su madre, y en su busca desenfrenada por lograr su libertad y salir de ese entorno totalmente tóxico, se enamora de su profesor contratado por su padre, con toda la tranquilidad, debido a que Rafael tenía una condición física que lo aquejaba, una gran joroba, por lo que Benigno no dudó en emplearlo ya que en su cabeza no corría peligro de que su hija le pusiera ojo.
Pero este plan se le saldría totalmente de las manos, ya que Dolores quedaría perdidamente enamorada de Rafael, pues ella no veía una anormalidad en él, sino una pureza en el ser, que no había conocido a lo largo de su vida, así como la persona que se preocupaba genuinamente de su bienestar.
La madre de Dolores, por el contrario, era una mujer sumisa, que hacía todo lo que se le dictaba, no tenía criterio propio y había dejado sus pasiones a un lado, como lo eran la música y el arte, para hacer feliz a su esposo, e incluso le controlaba su forma de vestir y actuar en el día a día.
En este vaivén de miseria impuesta, logra boicotear la felicidad y esperanza de su hija que tenía en la figura de Rafael. “-Es lo que pasa mamá, cuando se decide por los otros. Es lo que pasa, se escapa todo de las manos y el castigo no pertenece a nadie-”.
Leer a Gambaro es infiltrarse en los sentimientos más oscuros del ser humano, así como la decadencia de la sociedad, sin perder la luz del faro que nos brinda la valiosa libertad.
