La literatura como escudo de censura
Karla Martínez: La literatura como escudo de censura.
La censura de muchos libros se ha llevado a cabo desde tiempos inmemoriales, donde la caza de estos y lapidación ha sido de manera extrema. Han ardido en piras manuscritos valiosos para la humanidad, donde el saber e ideas de otros tiempos se han visto perdidos en un santiamén por llevar contenido “tendencioso”, “inmoral”, entre otros calificativos despectivos y de acuerdo a sus intereses de índole subjetivista.
El Gobierno argentino del presidente Javier Milei se sumó a la caza de brujas, así como a la censura de varios libros que fueron otorgados como parte de un paquete entregado a escuelas de secundaria avanzada, es decir, a jóvenes de 16 años en adelante. Entre estos ejemplares se encuentran: Las aventuras de la China Iron, de Gabriela Cabezón Cámara; Las primas, de la escritora fallecida Aurora Venturini; Si no fueras tan niña, de Sol Fantin, y Cometierra, de Dolores Reyes.
Hace unos días tuve la oportunidad de leer el libro Cometierra (2019) de la escritora, docente y feminista argentina Dolores Reyes, el cual consta de 173 páginas y ha sido traducido a 15 idiomas. Esto con la finalidad de analizar a profundidad, lo que tanto rechaza el Gobierno bonaerense. Junto a los otros tres libros mencionados anteriormente, Cometierra está siendo censurado por llevar “contenido pornográfico”. Por lo que padres de familia también se han pronunciado a esta campaña de desprestigio hacia los textos con la consigna ¡Con los chicos no!
Cometierra trata sobre una adolescente que se dio cuenta de que tenía un don al comer precisamente tierra en su infancia, y por medio de la cual tuvo una visión que le permitía constatar situaciones que ya habían ocurrido y de qué manera. A través de este don podía ayudar a las familias a encontrar a mujeres desaparecidas, situación que las autoridades la mayoría de las veces no podían hacer. Esta adolescente junto a su hermano fueron abandonados por el padre, su madre había sido asesinada, y su tía también había optado por dejarlos a su suerte.
Personas que se iban enterando del don de la chica al poder visualizar dónde se encontraban diversas personas que habían sido privadas de su libertad o en el peor de los casos asesinadas, llevaban a la puerta de su casa botellas que contenían tierra para que ella pudiera comerla y darles una respuesta. Historias dolorosas, flagelantes que la carcomían por dentro. A veces lograba dar con ellas cuando aún estaban vivas, pero en ocasiones sólo podía constatar la tragedia.
En este andar doloroso conoce a Ezequiel, que la acompañará y será un refugio, sin embargo, lo terminará dejando para buscar otros rumbos y otras oportunidades, comenzando con la promesa de nunca más comer tierra.
Cometierra no es un libro pornográfico, sí contiene dos párrafos explícitos, pero es mucho más que eso, plantea una realidad que ha sido normalizada en muchos países, y que aunque se introduzcan nuevas leyes en contra de este terrible mal como lo es el feminicidio, desgraciadamente sigue en aumento.
Debido a la lapidación y cacería que está sufriendo esta literatura, más de 120 escritores se han pronunciado. Como parte de contrarrestar la censura, acudieron a leer Cometierra, entre otros textos perseguidos por el Gobierno de Milei y otros grupos conservadores, lo cual tuvo lugar en el teatro Picadero, considerado símbolo de la resistencia cultural.
La literatura hay que leerla, sentirla y adentrarse en sus entrañas, así como permitir a las nuevas generaciones conocerla.
