Gracias, gracias, gracias queridos maestros
Caleidoscopio, columna de Martín Martínez Erosa: Gracias, gracias, gracias queridos maestros
Es mayo, y muchas efemérides importantes se celebran este mes, pero me detengo a rendir un homenaje a todas y todos los educadores que han sido parte de nuestra vida. El 15 de mayo se celebra en México el Día de las Maestras y los Maestros. Pareciera que esta fecha se ha celebrado por siempre; sin embargo, no es hasta 1917, cuando siendo presidente Venustiano Carranza se decreta esta efeméride para reconocer la labor educativa de todas y todos los profesores del país.
A los ojos de quienes no tienen conciencia plena, la docencia es una profesión cómoda, ya que pareciera que el docente solo lo es durante las horas que está en el aula, pero lo que no se ve son las horas de
planeación de la clase, de diseñar o buscar los materiales que los alumnos van a utilizar, de evaluar a todos sus estudiantes (que en secundaria y media superior un docente puede tener más de 400 alumnos). Sin olvidar mencionar la atención a la diversidad en el aula. Ya no es novedad en Yucatán tener en un mismo salón a estudiantes de diferentes culturas, ciudades, nacionalidades, sin obviar las posibles barreras para el aprendizaje que algún estudiante pueda presentar. Y es trabajo del docente formar a todos y a cada uno de las y los estudiantes.
Y encima de todo, organizar y operar actividades y eventos que van más allá del aula, como por ejemplo los festivales escolares, concursos, proyectos de escuela y poner en práctica los programas y estrategias educativas que las autoridades federales y/o estatales envían a las escuelas.
No, la realidad es que la docencia no es una profesión fácil. Requiere mucho trabajo que no se ve y a veces no se reconoce. Y tiene una responsabilidad grande, que muchas otras profesiones no comparten: formar a la sociedad del futuro.
Todas las mujeres y los hombres que han encontrado la vocación de guiar, orientar, formar, enseñar y educar a los niños, a las juventudes y a todos quienes tienen el deseo y anhelo de aprender algo nuevo,
merecen un muy genuino reconocimiento.
Esas personas cuyo compromiso les hace levantarse todas las mañanas, sin importar el clima, los ánimos, y a veces hasta la salud, para dirigirse a las aulas donde sus estudiantes los esperan. Esas personas que
se sienten plenas y felices en el aula, y que su mayor motivación no son los lujos ni las riquezas, ni el poder ni las influencias, sino el formar a las personas que están bajo su atención.
A esos alumnos que muchas veces, sobre todo en educación básica, están en las aulas contra su voluntad, ya que su interés se encuentra lejos de las escuelas y los salones de clase, pero que con el paso de los
años ven con diferentes ojos a sus maestras y maestros, quienes dejaron parte de sus vidas para formar la suya y simplemente expresan: muchas gracias a todas mis maestras y todos mis maestros. Muchas felicidades queridos colegas.
