Olinia: la ilusión del auto del pueblo que aún no convence
Conexiones, columna de Raúl Angulo: Olinia: la ilusión del auto del pueblo que aún no convence
Columna de Raúl Angulo:
El Gobierno de México presentó esta semana el Olinia con el entusiasmo de quien anuncia una revolución. El primer automóvil eléctrico diseñado por mexicanos, con logo de liebre tipo alebrije y discurso de soberanía tecnológica incluido. El problema es que entre la narrativa oficial y la realidad del vehículo hay una brecha que ningún comunicado puede tapar.
Empecemos por lo más preocupante: la seguridad. El Olinia no equipa ni ABS ni bolsas de aire. En un país donde los accidentes viales son la primera causa de muerte entre jóvenes de 5 a 29 años, presentar un vehículo sin estos sistemas básicos no es una decisión menor, es una señal de alarma. Y no es un detalle técnico que se resuelva en próximas versiones: la normativa mexicana exige que, a partir del año-modelo 2025, todos los vehículos a la venta incluyan control electrónico de estabilidad, monitor de presión de neumáticos, sistemas ISOFIX y pruebas laterales de choque.
Para que el Olinia pueda venderse legalmente, el gobierno tendrá que cambiar la ley. Y lo está haciendo. No para elevar el estándar de seguridad, sino para bajarlo. Luego está el precio. El Olinia nació con la promesa de ser el auto del pueblo. Sin embargo, aún sin salir al mercado, ya subió 60 mil pesos respecto a las cifras iniciales que generaron expectativa en redes y medios. Hoy el precio del Olinia 1 inicia en 150,000 pesos con IVA incluido, y las primeras entregas se estiman para el verano de 2027.
Comparado con el salario mínimo vigente, ese precio sigue siendo inalcanzable para la mayoría de los mexicanos a quienes supuestamente va dirigido. El Olinia busca posicionarse por debajo del Kwid, el Aveo o el March, cuyos precios oscilan entre 220 mil y 290 mil pesos, pero la diferencia no es tan dramática como el gobierno prometió en un principio.
Y si el precio genera dudas, las prestaciones lo confirman. El Olinia 1 cuenta con un motor eléctrico de apenas 13.5 kilowatts unos 18 caballos de fuerza con una velocidad máxima de 50 kilómetros por hora y una autonomía de 125 kilómetros.
No puede salir a carretera. No puede seguir el ritmo de una avenida de alta velocidad con seguridad. Es, en el mejor de los casos, un vehículo para colonias, no para el México real que usa carreteras, glorietas y vías rápidas.
El proyecto contempla producir 50 mil vehículos en cuatro años, una cifra modesta frente a los millones de unidades que mueve la industria automotriz global. Y todo esto, aún en fase de prototipo, sin producción en serie, sin fecha definitiva clara y sin respuestas concretas sobre garantías, red de servicio o infraestructura de recarga fuera de los enchufes domésticos.
El talento de los ingenieros y estudiantes mexicanos que trabajaron en este proyecto merece todo el respeto. El problema no es la gente, es la narrativa política que convirtió un experimento tecnológico prometedor en un producto de consumo antes de que estuviera listo para serlo, México necesita transporte eléctrico accesible y seguro, Olinia todavía no es eso.
