Mérida pide ideas a sus jóvenes

Conexiones, columna de Raúl Angulo: Mérida pide ideas a sus jóvenes

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Columna de Raúl Angulo
El fin de semana pasado, a las ocho de la mañana, cien jóvenes de entre 18 y 29 años se instalaron en las aulas de la Universidad Tecmilenio de Mérida con una misión que pocas ciudades del país le han dado a su juventud: usar inteligencia artificial para resolver problemas reales de la ciudad, y al final del día, votar democráticamente por la propuesta que más lo merezca.

No era una clase, no era un concurso de talentos, era el Tercer Laboratorio de Innovación Social del Ayuntamiento de Mérida, y los cien jóvenes seleccionados de 148 que aplicaron tenían 12 horas continuas para demostrar que el talento joven, cuando se le da espacio y herramientas, produce ideas que ningún despacho de consultoría cobraría barato.

Lo que hace diferente a este laboratorio de otras iniciativas similares en el país es la apuesta real que hay detrás. Las propuestas ganadoras no van a un cajón de archivo ni a una presentación de diapositivas que nadie vuelve a abrir. La propia alcaldesa Cecilia Patrón fue explícita: las propuestas podrán incorporarse a la agenda municipal para generar beneficios concretos en Mérida, sus 47 comisarías y subcomisarías.

En otras palabras, si un joven de 22 años propone hoy una solución con IA para mejorar la recolección de basura en una comisaría del sur, esa propuesta tiene una ruta real para convertirse en política pública. Eso no ocurre en muchas ciudades del mundo, mucho menos en municipios mexicanos.

El perfil de los participantes también merece destacarse, no llegaron solo ingenieros en sistemas o estudiantes de tecnología llegaron jóvenes de medicina, psicología, economía y matemáticas, de 14 universidades distintas.

Esa diversidad no es accidental: es exactamente lo que necesita la innovación pública, los problemas de una ciudad no son problemas técnicos son problemas humanos, sociales, económicos y de salud que requieren miradas múltiples.

Que una estudiante de psicología y un ingeniero en datos trabajen juntos para diseñar una solución de IA para, por ejemplo, detectar zonas de riesgo en comisarías, produce algo que ninguno de los dos habría creado solo. Ese cruce de saberes es el motor real de la innovación.

El formato elegido tampoco es inocente: 12 horas continuas de trabajo colaborativo con facilitadores en cada mesa, combinando conferencias, desarrollo de prototipos y retroalimentación en tiempo real. Al final, una votación democrática entre los propios participantes elige la propuesta ganadora que recibe hasta 15 mil pesos como premio. Que los propios jóvenes sean quienes elijan la mejor idea entre ellos mismos es un gesto político importante: les dice que no son solo ejecutores de una agenda que alguien más diseñó, sino jueces y protagonistas del proceso.
Mérida es hoy, según la propia alcaldesa, el primer ayuntamiento de México donde las juventudes construyen soluciones usando inteligencia artificial con respaldo institucional real. Ese dato debería importarles a todas las ciudades del país que siguen debatiendo si la IA es una amenaza o una oportunidad.

La respuesta que dio Mérida es clara: es una herramienta, y en manos jóvenes, con orientación ética y propósito ciudadano, produce resultados que vale la pena financiar, implementar y replicar. El futuro de la ciudad lo construyen quienes la van a heredar y ya era hora de que alguien los pusiera a trabajar en ello.

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