Desafortunada comparación: mujeres y monumentos históricos
Bufete jurídico por José Luis Ripoll Gómez
La gente no busca razones para hacer lo que quiere hacer, busca excusas.
William Somerset Maugham
El pensamiento moderno inicia básicamente en el siglo XVII. Su principal característica fue la razón, el eje central a través del cual transitaba todo el argumento hermenéutico.
Desde el siglo XIX se fue gestando una nueva forma de interpretar la realidad. Kant sostenía: “las cosas no son en sí, sino en mí”. Destaca al sujeto como quien otorga significado a las cosas, no la cosa en sí. Nietzsche se atrevió a decir: “Nunca me cansaré de insistir en un hecho pequeño y conciso: es decir, que un pensamiento llega cuando él quiere, no cuando yo quiero”. Una especie del sujeto está sujeto. Esa nueva forma de interpretar es el pensamiento posmoderno.
En esta concepción posmoderna el sujeto juega un papel fundamental. Él, y no la razón, se encarga de conceder sentido a las cosas, se desdeñan los principios lógicos de la razón. La razón se hace a un lado. Impera la sinrazón. Lo inexplicable toma hegemonía.
Hoy, se tambalea la cordura, la sensatez, la honestidad. Ser cuerdo en un mundo de contradicciones es excepción. Da la impresión de que mientras más desquiciado, más actualizado. Ser lógico no otorga estatus. La honestidad es cosa de gente ilusa. Los más astutos no tienen compromiso con la honestidad, incluso puede ser considerada como debilidad.
El mundo de hoy necesita intrépidos sin grandes compromisos morales ni honestos. La escala de valores se invirtió.
La otra característica de la posmodernidad es el relativismo. Las cosas se vinculan con el lugar y la época en que se producen. Cambian de significado dependiendo de la época y el lugar.
En la actualidad permea la sinrazón. En Yucatán, como en muchos lugares, las legítimas manifestaciones femeninas del 8 de marzo, acabaron como casi siempre, con actos anárquicos, modernas anarquistas contra lo institucional. Como marabunta arrasan todo a su paso. Incluso alguna mujer lo justifica diciendo que es mejor vandalizar “piedras” (así llaman a los monumentos históricos) que atacar a mujeres. Desafortunada comparación.
Los demás argumentos son inverosímiles. Rabia contenida que a la primera oportunidad explota en forma de violenta reclamación. No falta la expresión: “Si fuera tu mamá, tu esposa o tu hija, otra cosa dirías”. Como si los hombres estuviéramos contra ellas. ¿Dónde están la razón, la lógica y la congruencia?
¡Ah, pobre aquel gobierno que se atreva a utilizar los protocolos de seguridad para defender el orden y la legalidad! Lo tacharían de represor. Cuando lo único que estaría haciendo es hacer respetar el Estado de Derecho. Hay que cuidar los monumentos históricos. No la piedra.
Es verdad que falta educación sobre el respeto a la mujer. De acuerdo con Fernando Savater, las dos grandes revoluciones intelectuales de los últimos 100 años han sido: los derechos de la seguridad social y la igualdad de las mujeres. Nunca como hoy las mujeres han sido más defendidas. Instituciones del Estado difunden y realizan programas de apoyo a las mujeres, fiscalías especializadas, botones de alarmas, etc.
Todos los días se debe celebrar a la mujer. Falta mucho por hacer en esta materia, pero los monumentos históricos también representan historia y cultura, no son simples piedras.
