La educación de los hijos, un reto
Reflexiones espirituales: La educación de los hijos, un reto
“Cuando le preguntaron a Sócrates si quería volver a ser joven, él contestó con una frase rápida y tajante: “Sí quiero volver a ser joven, pero no quiero pasar por la adolescencia”. La adolescencia es un período difícil del ser humano, en una etapa de cambio y de tránsito.
El adolescente está en una búsqueda constante, es una edad de cambio. Pero no sólo cambia su cuerpo sino también cambia su mente. Está en una búsqueda de su identidad y de su independencia. De una identidad sexual y de una independencia no sólo personal sino también económica y social. Vive en una etapa de cambio hacia su futuro.
Se nos enseña en las universidades a lograr un título y a enfrentar problemas en la vida, pero poco se nos enseña a ser padres. Los que somos padres y estamos en lucha de educar sin lastimar, cada día nos hacemos la pregunta: ¿cómo educar con amor y poder balancearlo con la disciplina? Porque es importante en ésta etapa de la vida de la adolescencia, de apoyarlos en sus cambios y no tratarlos como un adulto, o peor aún, como un rebelde sin causa.
¡Claro que la adolescencia no es una etapa fácil de la vida! Es una época en que el joven está en crisis por la búsqueda de su identidad y ése es su mayor problema. Perciben a sus mayores fríos y distantes; sienten que les hace falta libertad y respeto de sus mayores y esto lo vuelven libertinaje y agresión hacia sus padres.
Si en este cambio de su vida sus padres, maestros y compañeros lo aceptan, el adolescente satisface sus necesidades; de lo contrario, busca en forma frenética su identidad con otros amigos, o imitando artistas o bien a otras personas que hayan logrado el éxito, la popularidad o el dinero. Es cuando el joven se pone aretes y abusa de las ropas de mezclilla; es cuando le da más importancia a la marca de la ropa o de los zapatos, que a la calidad de estas prendas.
Hay que tratar y estar en lucha de seguir “enamorando” a nuestros hijos, de interesarnos en su vida, de vivir sus preocupaciones, de preguntarles si son felices, y más aún, si están siendo infelices o viven una vida vacía.
Siempre hay que apoyarlos en su lucha cotidiana ante la vida, preguntándoles qué desean, con qué sueñan, qué anhelan y qué tanto vive Dios en su corazón. No tratar de cambiarlos y sí de aceptarlos, porque es la clave de la felicidad en la vida. Cuando los aceptas, ellos mismos empiezan a cambiar.
El mejor plan de vida en la educación de nuestros hijos, lo recibí de una carta que mi madre me envió hace muchos años, son sentencias cortas llenas de gran sabiduría, las cuales me permito transcribir:
“Cuando tu hijo te busque con la mirada: míralo. Cuando te tienda sus brazos: abrázalo. Cuando te quiera hablar: escúchalo. Cuando se sienta desamparado: protégelo. Cuando se sienta solo: acompáñalo. Cuando te pida que lo dejes: déjalo. Cuando se sienta triste: consuélalo. Cuando falle en sus propósitos: aliéntalo. Cuando pierda toda esperanza: aconséjalo. Cuando tome una decisión: apóyalo. Y cuando intente triunfar: anímalo”.
No olvidemos aquella sabia sentencia que dice: “Tal vez no logremos ser los mejores padres, pero tratemos de ser sus mejores amigos, brindándoles apoyo, respeto y amor”.
