Buscan urbanismo nocturno con un enfoque de género en Yucatán
Presentan modelo lumínico que garantiza a mujeres seguridad, sin comprometer el equilibrio ambiental.
La noche también tiene género porque “no es la misma noche la que habita un hombre adulto que la que habita una mujercita de 17 años de edad”, así se refirió Edna Hernández González, investigadora de la Universidad de Brest, Francia, durante su conferencia sobre la temporalidad nocturna desde el urbanismo, con un enfoque de género realizada en el Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (CEPHCIS).
En su intervención, la académica señaló que en el contexto francés—donde actualmente se reducen los niveles de alumbrado público para combatir la contaminación lumínica—surge un dilema controversial: cómo garantizar que las mujeres se sientan seguras en la noche sin comprometer el equilibrio ambiental.
La doctora Edna Hernández destacó que la forma en que las personas viven la noche varía según el género y la edad. Por ello, los ajustes en la iluminación urbana deben acompañarse de políticas de género, movilidad y sensibilización social.
En Francia, explicó, algunas ciudades están implementando “iluminaciones justas”, diseñadas con una consulta ciudadana previa y con atención a la biodiversidad: menos luz donde sobra, más luz donde la vida nocturna lo exige. Esa estrategia ha permitido recuperar especies como luciérnagas y aves migratorias, sin sacrificar la seguridad en la ciudad nocturna.
Al comparar con México, consideró que la solución no es sólo tecnológica, sino cultural, ya que la seguridad nocturna implica también reformar los sistemas de movilidad, autobuses con horarios nocturnos fijos, capacitación con enfoque de género para conductores y espacios donde las mujeres puedan desplazarse sin acoso.
“Las mujeres deben poder tomar un autobús sin miedo, a cualquier hora, en un espacio donde no sean interpeladas ni acosadas”, enfatizó.
María de Fátima Flores Palacios, coordinadora del seminario destacó la importancia de mejorar la comunicación entre la academia y el gobierno para diseñar políticas públicas conscientes de la realidad social.
“El conocimiento ya existe, lo que falta es diálogo. Hay que reconocer la experiencia vivida de la población, lo que la gente sabe de su propio barrio”, concluyó.
Con información de Gael De León Torres.
