Bisturíes y sinfonías

Esta frase de “bisturíes y sinfonías”, la dijo el neurólogo Oliver Sacks. El, definitivamente, transformó la manera en que la medicina comprende...

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Esta frase de “bisturíes y sinfonías”, la dijo el neurólogo Oliver Sacks. El, definitivamente, transformó la manera en que la medicina comprende la relación entre cerebro, identidad y música. Abrió un territorio nuevo donde la neurología clínica dialoga con la experiencia estética y la música clásica se revela como una poderosa herramienta terapéutica y cognitiva.

Este gran hombre ejerció como neurólogo clínico durante décadas, atendiendo pacientes con epilepsia, Parkinson, afasias, demencias y trastornos perceptivos.

A diferencia de la medicina puramente descriptiva, Sacks devolvió al paciente su condición de sujeto narrativo, mostrando cómo la enfermedad neurológica modifica —pero no anula— la experiencia humana.

En el 2007, escribió Musicophilia: la música como función cerebral esencial. En este trabajo, documentó casos clínicos donde la música emerge como un fenómeno neurológico profundo en pacientes con demencia avanzada que recuperan memoria autobiográfica al escuchar música clásica, personas con epilepsia en quienes ciertas piezas musicales desencadenan o modulan crisis, individuos con lesiones cerebrales que conservan intacta la capacidad musical aun cuando el lenguaje está dañado, entre otros trastornos.

Y nos demostró que la música no es un lujo cultural, sino una función cerebral distribuida, resistente y profundamente arraigada. La música clásica ocupa un lugar central en sus observaciones clínicas.

Obras de Bach, Mozart, Schubert o Beethoven aparecen recurrentemente como estímulos capaces de: organizar el tiempo interno del paciente, inducir calma y coherencia emocional y activar redes neuronales preservadas aun en cerebros severamente lesionados. Esta música posee una arquitectura temporal que dialoga con la estructura del sistema nervioso, por la cual resulta especialmente eficaz en muchos.

Gracias al trabajo de Oliver Sacks, hoy por hoy, neurólogos, psiquiatras, geriatras y terapeutas utilizan la música como intervención basada en evidencia. Y nos enseñó que la música sostiene la identidad cuando la memoria falla, orden cuando el cerebro se fragmenta y da humanidad donde la enfermedad amenaza.

Y demostró que escuchar música es una forma de existir, y que la música, literalmente, es una medicina del alma y del cerebro. Hasta la próxima semana.

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