Cuarta transformación: unidad allá, patadas aquí

Hablábamos de cómo un partido político creado exprofeso para ganar la Presidencia de México comienza a hacer agua...

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Hablábamos de cómo un partido político creado exprofeso para ganar la Presidencia de México comienza a hacer agua, víctima de su propio éxito, de la codicia de algunos de sus integrantes y, sobre todo, de la falta de institucionalidad que hoy amenaza con convertirse en su principal problema.

Pues bien, este martes la presidenta Claudia Sheinbaum puso el dedo sobre la llaga: rechazó que existan divisiones o rompimientos dentro de la Cuarta Transformación y llamó a mantener la unidad del movimiento.

El mensaje fue claro.

También lo fue el de la dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, quien respaldó el llamado presidencial y sostuvo que el movimiento se mantendrá unido porque, dijo, lo fundamental es el bienestar del pueblo de México y la unidad de cara al proceso electoral.

Incluso habló de los “agoreros de la división”, aquellos que creen que separando al movimiento podrán detener su avance.

El problema es que, mientras en la Ciudad de México se habla de unidad, en Quintana Roo el panorama luce bastante diferente.

Aquí ya no parecen simples diferencias políticas ni discretas pugnas debajo de la mesa. Son puntapiés casi de frente.

Y para entenderlo no hace falta ser demasiado docto ni tener información privilegiada. Basta con leer entre líneas.

Los recientes ataques contra la gobernadora Mara Lezama necesariamente tuvieron que pasar por alguna aduana política antes de llegar a los medios. Alguien decidió abrir esa puerta, permitir el golpe y, con ello, asumir el riesgo de provocar exactamente aquello que la presidenta Sheinbaum dijo ayer que no existe: divisiones y rompimientos.

Porque una cosa es la crítica política y otra muy distinta es intentar golpear a quien encabeza el gobierno estatal desde el propio movimiento.

Y en Quintana Roo hay algo que resulta cada vez más evidente: la unidad no existe. O, por lo menos, no existe entre todos.

Hay quienes todavía no terminan de entender que la política es una actividad de circunstancias. Que unas veces se gana y otras se pierde; que unas veces se es candidato y otras no. El problema aparece cuando la frustración por no ser elegido se convierte en rompimiento, y el rompimiento en ataques.

Por eso las palabras de Claudia Sheinbaum y Ariadna Montiel deberían haber cimbrado a más de uno en Quintana Roo.

Porque si el llamado nacional es a cerrar filas, resulta difícil explicar que, precisamente cuando Morena se encuentra a las puertas de definir a quien será su coordinador o coordinadora y virtual candidato a la gubernatura en 2027, algunos pretendan abrir heridas que después serán muy difíciles de cerrar.

Y aquí viene lo interesante.

Las palabras de la presidenta no parecen casuales. Tampoco las de la dirigencia nacional.

El mensaje ya está enviado: nadie debe equivocarse, nadie debe jugar a la división y nadie debe creer que puede dinamitar el movimiento desde adentro para obtener una posición afuera.

Ahora habrá que esperar las reacciones.

Porque en los próximos días podría comenzar a despejarse buena parte de este escenario, incluido el esperado destape del coordinador o coordinadora de Morena en Quintana Roo, quien, salvo una sorpresa mayúscula, será quien encabece la candidatura para disputar la gubernatura en 2027.

Y entonces sí veremos quién entendió el mensaje de unidad y quién decidió seguir jugando a las patadas.

Porque una cosa es segura: la Cuarta Transformación puede negar los rompimientos desde el discurso, pero en Quintana Roo los hechos comienzan a decir otra cosa.

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