Cultura de consumo
Me encontraba con una señora que estaba en la disyuntiva con el poco dinero que ella gana, y sus pequeños ahorros que logra hacer...
Me encontraba con una señora que estaba en la disyuntiva con el poco dinero que ella gana, y sus pequeños ahorros que logra hacer, si comprar un artículo de una u otra temporada, o adquirir lo que ciertamente necesario para su cocina. Realmente era un dilema, porque era la mercancía de moda, la exigencia de sus hijos era tremenda para tener adornos en su sala de Halloween. Sin importar que al final de la temporada terminen en el mejor de los casos en una caja al fondo del closet, y para el año que sigue puede aparecer toda llena de hongos, lista para tirarse a la basura.
Optaba por comprar algo nuevo y muy necesario para su cocina, o ropa nueva para sus hijos. Ella había llegado a la tienda dispuesta a comprar lo necesario, pero la necesidad de ver adornada su casa con los ornamentos de moda, la exigencia de sus hijos, los adornos tan llamativos, la hacían dudar de su compra. Finalmente, con un gran trabajo, gastó su dinero ahorrado, le compró un par de tenis a cada hijo.
Sus hijos pequeños le exigían tener algo para la fiesta de Halloween, cuando ella ni sus hijos saben qué significado tiene, ni porqué es necesario gastar en adornos y en disfraces para esa fiesta. Pero estar a la moda con esos requerimientos se ha vuelto una exigencia social.
La fiesta de Halloween nos ha ido llegando del país vecino del Norte, poco a poco hemos ido suprimiendo nuestra fiesta tradicional de Día de Muertos, por la fiesta extranjera. Sin saber bien de qué se trata, ajena a nuestras tradiciones, a nuestro pueblo, a nuestras costumbres y cultura.
En la antigüedad era la celebración del Año Nuevo Celta, se ubica esta fiesta en las islas británicas, en épocas antiquísimas. Se pensaba que la noche del 31 de octubre al 1° de noviembre, el espíritu de los muertos regresaba a su casa a visitar los hogares y además esa noche vagaban diablos de toda especie, hadas, duendes, brujas y toda clase de espíritus extraños.
Con la invasión de los romanos a las islas británicas en el año 46 A.C., se dio como resultado la mezcla de la cultura Celta, hasta llegar a desaparecer con el tiempo, y así esta festividad fue perdiendo el sentido religioso-pagano. En épocas cristianas esas observancias se mezclaron con los ritos católicos.
Los irlandeses que emigraron a Estados Unidos, en la segunda mitad del siglo XIX, llevaron esta antigua celebración con todas sus modificaciones a través de los siglos y de los diversos países de Europa, y fue allí donde tomó características diversas: invadir casas para romper ventanas, reclamar la entrega de regalos, hasta quedar como una diversión de niños que se disfrazaban e iban a pedir golosinas.
Actualmente, el mercado nos invade con mercancía propia de esta temporada, Hollywood se ha encargado de la difusión de esta fiesta, con una serie de películas en las cuales la violencia gráfica y los asesinatos crean en el espectador un estado morboso de angustia y ansiedad. Estas películas son vistas por niños y adultos, generando una idea errónea de la realidad.
Esta fiesta se ha convertido en un gran negocio; máscaras, disfraces, adornos para la sala de la casa, dulces, maquillajes, y una gran variedad de artículos necesarios, para vender y fomentar la cultura del consumo, en medio de una cultura del terror.
Cuando sabemos que esta fiesta viene de nuestro vecino país, que se dice es superior a nosotros, y en todo supuestamente están mejor, terminamos por imitarlos, olvidando nuestras propias tradiciones del Día de Muertos.
