Dos cartas en la oposición

Dicen que en política: “el tiempo suele ser el principal adversario”. Y en Quintana Roo, cuando falta menos de un año...

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Dicen que en política: “el tiempo suele ser el principal adversario”. Y en Quintana Roo, cuando falta menos de un año para la elección de gobernador, la oposición parece no haber entendido que el calendario no espera a nadie.

Mientras Morena y sus aliados mantienen a sus principales figuras recorriendo el estado, posicionándose y construyendo estructura, del otro lado el silencio comienza a convertirse en una estrategia... o en una resignación.

La realidad es contundente: son muy escasas las opciones con las que cuenta la oposición para presentar una candidatura que realmente jale votos, posea capital político y tenga posibilidades de competir de tú a tú con la maquinaria morenista. Una de las alternativas más comentadas consistía en atraer a alguno de los aspirantes que eventualmente no resultara favorecido en la contienda interna de Morena. Sin embargo, al menos hasta ahora, ese escenario luce lejano.

No existen señales de que personajes como Gino Segura, Ana Patricia Peralta o Rafael Marín estén dispuestos a romper con Morena y sus aliados en caso de no obtener la candidatura. Los tres han construido sus proyectos políticos al amparo del movimiento y, por ahora, no hay indicios de una ruptura que pudiera fortalecer a la oposición. Apostar a una desbandada morenista parece más un deseo que una estrategia.

Eso obliga a los partidos opositores a mirar hacia adentro. El problema es que, al hacerlo, descubren una realidad poco alentadora: las vacas están flacas. Los liderazgos escasean y las figuras con verdadero conocimiento ciudadano son contadas.

Quizá las dos cartas con mayor presencia sean la senadora panista Mayuli Martínez y la ex presidenta municipal de Solidaridad, Lili Campos. En el caso de esta última, su administración dejó indicadores y obras que todavía hoy son reconocidos por amplios sectores de Playa del Carmen, lo que le permitiría competir con serias posibilidades por la gubernatura o, incluso, regresar a buscar la presidencia municipal.

De hecho, si decidiera volver por Playa del Carmen, no serían pocos quienes consideran que tendría amplias probabilidades de derrotar a Estefanía Mercado, cuyo gobierno ha sido objeto de constantes críticas por decisiones administrativas, conflictos internos y una gestión que, para muchos ciudadanos, ha quedado por debajo de las expectativas generadas durante la campaña.

Paradójicamente, Lili Campos también ha sido señalada por algunos acercamientos políticos hacia Morena, una ruta que podría resultar contradictoria para quien representa uno de los perfiles más competitivos de la oposición. En política las puertas nunca se cierran por completo, pero también es cierto que la claridad en los proyectos suele ser un activo indispensable para generar confianza entre el electorado.

Mientras tanto, Morena mantiene una competencia interna que, lejos de debilitar al partido, mantiene en movimiento a sus principales aspirantes, quienes recorren municipios, fortalecen estructuras y permanecen en la conversación pública. En contraste, la oposición parece observar el proceso desde la barrera, esperando que las circunstancias le resuelvan un problema que debería estar enfrentando con organización, liderazgo y estrategia.

Porque las campañas empiezan mucho antes de que la ley las permita. Comienzan cuando un político logra instalarse en la mente de los ciudadanos. Y en esa carrera, la oposición va varios kilómetros atrás.

Dicen que los chinos tienen un viejo dicho: "siéntate a la orilla del río y espera". La oposición quintanarroense parece haber adaptado la frase a la perfección: está, como el chinito, "nomás milando". El problema es que, mientras observa, el reloj sigue avanzando. Y en política, el tiempo que se pierde rara vez se recupera.

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