El costo de no contrariar a AMLO
Hay imágenes que dicen más que cualquier discurso, y la reciente visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Quintana Roo..
Hay imágenes que dicen más que cualquier discurso, y la reciente visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Quintana Roo dejó una de ellas: bastó una gira de unas cuantas horas para anunciar soluciones que durante años se dijo que eran imposibles.
De pronto hubo respuesta para el acceso al Parque del Jaguar en Tulum. De pronto se redujeron tarifas. De pronto aparecieron apoyos para la movilidad. De pronto se habló de atender el problema del sargazo y de impulsar nuevamente el turismo, como si la presidenta tuviera una varita mágica.
Pero si todo esto podía hacerse en cuestión de horas, ¿por qué no se hizo desde el principio?
Lo que quedó demostrado es que las decisiones dependían de voluntad política y de reconocer que el modelo con el que nació el Parque del Jaguar estaba generando más problemas que beneficios.
Lo que pasa es que la presidenta no quería hacer evidente que el Parque del Jaguar fue un fracaso desde un inicio, porque así estaría haciendo quedar mal al expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien sin tener un amplio consenso, mandó cercar toda el área y construir un parque, restringiendo accesos a playas, instaurando cobros excesivos, pero sobre todo, innecesarios.
La presidenta no quería evidenciar que ese parque fue el inicio del suplicio y la caída de Tulum. Con ese parque se quería sacar más jugo a los turistas, para tener mayor recaudación federal y destinarlo a los programas sociales como las pensiones para adultos mayores. Pero no es así la cosa, porque no es la gallina de los huevos de oro inagotable, tarde o temprano los turistas se iban a cansar y los habitantes a hartar y así fue lo que pasó.
Hoy resulta evidente que los reclamos tenían fundamento. Y así, los anuncios realizados por Claudia Sheinbaum representan, en los hechos, un intento de rectificar el rumbo.
Cuestionar ahora el funcionamiento del parque significaría reconocer que una de las obras emblemáticas del sexenio anterior necesitaba correcciones importantes. Quizá por eso el ajuste tardó tanto.
Pero la gira presidencial también dejó otra enseñanza.
Si la Presidenta tuvo que intervenir personalmente para destrabar asuntos que llevaban meses, e incluso años, sin solución, entonces algo no está funcionando en los niveles inferiores de gobierno.
La escena en la que llamó la atención a un funcionario frente a las cámaras reflejó precisamente eso, un gabinete y autoridades que, pese a pertenecer al mismo movimiento político, no están resolviendo los problemas con la eficacia que la ciudadanía espera.
Ser autoridad no consiste en esperar a que llegue la Presidenta para arreglar las cosas. Lo ocurrido durante la gira, que fue cancelada abruptamente para irse a ver la final del mundial, demuestra que las soluciones estaban al alcance. Lo que faltó fue escuchar a la gente antes de que el problema creciera.
Porque al final quedó claro que la Presidenta no hizo magia. Simplemente hizo, en unas horas, lo que otros no quisieron hacer durante años.
