El cuento de la hormiga y la cucaracha en la SM 57

Hay conflictos que dejan de ser una diferencia entre vecinos para convertirse en un problema de interés público...

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Hay conflictos que dejan de ser una diferencia entre vecinos para convertirse en un problema de interés público. Lo que ocurre en Residencial Las Américas Fase II ha llegado a ese punto. La confrontación entre dos grupos que se disputan la administración del fraccionamiento alcanzó su momento más crítico y, como suele ocurrir en estas historias, quienes menos culpa tienen son quienes pagan las consecuencias: más de 500 familias que hoy viven prácticamente en el abandono.

Desde hace meses, una parte, que se autodenomina "nueva administración", acompañada por un reducido grupo de vecinos, no ha cesado en su intento por desplazar a la administración que ha permanecido durante los últimos seis años al frente del residencial. La disputa dejó hace tiempo de ser un debate de ideas o de legalidad. Hoy es una guerra de desgaste cuyo saldo es el deterioro de la seguridad, de los servicios y de la tranquilidad de toda una comunidad.

La situación recuerda aquella parábola de la cucaracha y la hormiga. La cucaracha odiaba tanto a la hormiga que, con tal de verla desaparecer, votó a favor del insecticida, aun sabiendo que ella también moriría. El resentimiento fue más fuerte que el sentido común. Al final, nadie ganó; todos perdieron.

Algo similar parece estar ocurriendo en Las Américas. En su afán por desplazar a la administración histórica, la nueva administración decidió colocar guardias de seguridad propios en las dos casetas de acceso. Durante varios días el residencial operó con un escenario tan absurdo como insostenible: dos guardias por caseta, uno representando a cada bando. La imagen era el reflejo perfecto del conflicto: duplicidad de funciones, confrontación permanente y cero coordinación.

Pero la realidad terminó imponiéndose. Sin recursos suficientes para sostener el pago de esos elementos, la nueva administración recurrió a la Secretaría de Seguridad Ciudadana buscando respaldo. La intervención de la autoridad, sin embargo, produjo el peor de los escenarios: al detectarse que ninguno de los servicios de seguridad privada contaba con el registro correspondiente, se ordenó retirar a todos los guardias, tanto de una administración como de la otra.

El resultado fue devastador. Hoy Residencial Las Américas Fase II permanece sin vigilancia, con acceso prácticamente libre para cualquier persona y con cientos de familias expuestas a la delincuencia y a la incertidumbre. Lo que comenzó como una disputa administrativa terminó eliminando por completo uno de los principales factores de tranquilidad para quienes viven ahí.

Mientras tanto, la administración que ha encabezado el fraccionamiento durante seis años también enfrenta nuevos golpes. Ha tenido que entregar al Ayuntamiento diversas instalaciones que son propiedad del municipio, entre ellas las oficinas desde donde, durante más de dos décadas, se administró el residencial. Cada decisión, cada enfrentamiento y cada intervención parecen profundizar una crisis que no encuentra salida.

Lo más preocupante es el silencio institucional. La administración histórica solicita simplemente ser escuchada con la misma disposición con la que las autoridades han recibido a la nueva administración a través del Comité Vecinal. No pide privilegios; pide piso parejo. Porque en un conflicto de esta magnitud, escuchar solamente una versión difícilmente conducirá a una solución justa.

Las autoridades municipales y estatales ya no pueden seguir observando este problema desde la distancia. Lo que ocurre en Las Américas dejó de ser una diferencia entre particulares. Es un asunto de seguridad pública, de gobernabilidad y de protección patrimonial para cientos de ciudadanos que pagan impuestos y que tienen derecho a vivir con tranquilidad.

La historia de la cucaracha y la hormiga termina con ambos perdiendo. Sería lamentable que esa misma moraleja terminara escribiéndose en Residencial Las Américas Fase II. Porque mientras unos celebran pequeños triunfos sobre sus adversarios, los verdaderos derrotados son los vecinos, que hoy ven cómo su patrimonio, su seguridad y su calidad de vida se desmoronan ante la indiferencia de unas autoridades que siguen sin dar el golpe de timón que la situación exige.

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