El pesebre
“La Navidad es la hora de la sencillez, es el momento del renacimiento y de la infancia espiritual”, P. Alejandro Cortés.
Al llegar la Virgen María y San José a Belén ya todas las posadas estaban repletas, muchos iban por el empadronamiento, puede ser que alguno sin ser de la casa de David, fuera por curiosidad. Pero ellos fueron rechazados por ser pobres. Se fueron a una cueva a las afuera de la ciudad, en la parte oriental.
En esta cueva, como muchas otras de la región, había animales adentro. Y es allí dentro cuando nace el Niño Dios, el Mesías, y nadie en los alrededores se dio cuenta. Al contrario, le cerraron las puertas.
El Evangelio nos habla que nace en un pesebre. Los pesebres son comedores para animales, pero en el antiguo Israel estaban hechos de piedra, no lo que vemos en un nacimiento moderno. No era cómodo, pero es excelente para protegerse. Por eso los que eran expertos en la materia, los sacerdotes, ponían en los pesebres a sus corderos recién nacidos para protegerlos. Pero no era para cualquier cordero, era para los corderos perfectos sin imperfecciones, que posteriormente serían utilizados para el sacrificio.
Y Belén, donde nació Jesús, era famosa por sus corderos sin mancha. Y se utilizaban para el sacrificio, tenían que ser perfectos para que los envolvieran en una tela bien apretados y los colocaban en el pesebre para mantenerlos a salvo.
Leemos en el Evangelio de Lucas que los ángeles le dicen a los pastores: “Esta será una señal para ti, encontrarás a un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre”. Los pastores que conocían la historia y los significados, entendieron este poderoso paralelo. Sabían su significado. El Mesías que sacrificaría su vida por los pecados del mundo entero. Sabían que era Dios, era santo, sin pecado y perfecto. Y su sacrificio sería para toda la humanidad. Este Cordero Pascual, fue justamente lo que celebramos en días pasados.
¡Espero que todos hayan tenido una bella Navidad, y les deseo lo mejor para el 2026!
