El violoncello

Les comento que el cello es un instrumento que tiene una extensión sonora de tres octavas y media, su origen se remonta al siglo XVI en Europa. Su cuerpo mide 75 cm...

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Les comento que el cello es un instrumento que tiene una extensión sonora de tres octavas y media, su origen se remonta al siglo XVI en Europa. Su cuerpo mide 75 cm y produce su sonido por la vibración de las cuerdas. Su tono es rico y sonoro, y sus cuerdas altas tienen una cualidad melódica inconfundible.

El cello se adapta perfectamente tanto a la intimidad de un cuarteto de cuerdas como a una orquesta. Hasta principio del siglo XX, pocas mujeres lo tocaban, debido a que la posición del instrumento, entre las rodillas, se consideraba poco elegante e impropio para una mujer, como dato curioso. Su registro lo coloca en un punto privilegiado: ni tan grave como el contrabajo ni tan agudo como el violín.

El cello ocupa, por así decirlo, el territorio de la voz humana. Puede susurrar como un barítono, cantar como un tenor y, si se le exige, llorar con la intensidad de una soprano dramática. Esa versatilidad le ha permitido convertirse en el gran puente sonoro de los ensambles. En la orquesta sostiene la armonía, dialoga con los violines y, al mismo tiempo, abraza a los contrabajos.

En la música de cámara es confidente y protagonista; pocas combinaciones resultan tan emotivas como el diálogo entre piano y cello, donde uno respira y el otro habla. A lo largo de los siglos, compositores de todos los estilos han encontrado en él un vehículo ideal para la expresión profunda.

No es casualidad que muchas de las melodías más nostálgicas y humanas del repertorio sinfónico estén confiadas a este instrumento. El cello no sólo acompaña, narra. Aquel antiguo prejuicio social que lo consideraba impropio para las mujeres quedó atrás gracias a intérpretes que rompieron moldes y demostraron que la elegancia no depende de la postura sino del arte.

Hoy, grandes solistas de todo el mundo han hecho del cello un emblema de sensibilidad, fuerza y libertad expresiva. Escuchar un buen cello es como escuchar una historia contada al oído. Tiene madera, tiene aliento y tiene alma. Capaz de llenar una sala de conciertos o de conmover en la intimidad de una habitación, es quizá el instrumento que más se parece a nosotros mismos: profundo, cálido y esencialmente humano. De los intérpretes famosos sugiero a Pablo Casals, Yo-yo Ma y Mstislav Rostropóvich, entre otros. Hasta la próxima semana.

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