Familia
“El asombroso poder de las comidas familiares: Cómo nos hacemos más inteligentes, fuertes, sanos y felices comiendo juntos", Miriam Weinsten.
Durante un mes tuve casa llena: mis hijos que viven fuera, mi nuera, mi nieta. Fue una convivencia intensa. Pasamos unos días fuera de Cancún, viviéndolo intensamente todos juntos; posteriormente, aquí, en Cancún. Y Pensé que el día que se fuera el último iba a descansar y estar contenta regresando a mi vida normal. Ahora me doy cuenta lo mucho que se les extraña y cómo con sus risas, chistes, voces, recuerdos, alegrías y preocupaciones llenaron todos los rincones de mi hogar. Tantos recuerdos y momentos agradables que pudimos tener.
Darnos ese tiempo para convivir con la familia es primordial, pudimos festejar Navidad, fin de año, cumpleaños de mi difunto marido, comer Rosca de Reyes. Estas comidas familiares previenen muchas más cosas que ni siquiera llegamos a imaginar. En las comidas se permite a los hijos comunicarse regularmente con los padres, y a los padres con los hijos, la convivencia con mi nieta; nos conectan con tradiciones religiosas, culturales y familiares, con sus vidas, preocupaciones, sueños...
La comida que reúne a la familia entera sin necesidad de ser saboteada por la computadora, televisión, celulares, mensajes, Internet o videojuegos es el lugar ideal para aprender a comportarse frente a los demás.
Es importante hacer de la comida familiar un ritual, desde que los hijos son chiquitos, ellos van aprendiendo a comportarse en la mesa con el ejemplo vivo de sus padres e irán adquiriendo el hábito de las buenas maneras (o malas).
Además, la casa de los padres es la única a la que puedes ir cientos de veces sin invitación. Es la casa donde siempre serás recibido con ojos amorosos, desde que llegas hasta que te vas; sin importar tus problemas, tus defectos (por supuesto, sin abusar).
Es el hogar de los padres donde hay todos los recuerdos de la infancia, esos días sin preocupaciones, y la felicidad infantil.
Es la casa que siempre ofrece, a pesar de las dificultades, alegría y felicidad, donde siempre hay un lugar para ti en la mesa, en ser escuchado. Soy muy afortunada, junto con muchos otros padres, de tener un hogar a donde mi familia entera pueda convivir. Es en ese convivir todos juntos que se comparte el recorrer de la vida, el apoyo en los momentos difíciles, donde se tiene esa intimidad familiar y bienestar; a todos nos ayuda al crecimiento personal.
