Generaciones y música
Fenómeno tan universal que casi parece una ley de la naturaleza: la música que escuchan los hijos suele parecer ruido para los padres...
Fenómeno tan universal que casi parece una ley de la naturaleza: la música que escuchan los hijos suele parecer ruido para los padres, mientras que la música de la juventud de los padres les parece la verdadera música. Pero la causa no es musical, sino psicológica, biológica y social. La música se conecta identidad y entre los 12 y los 25 años construimos gran parte de nuestra identidad. La música que escuchamos en esa etapa se asocia con los primeros amores, las amistades, las rebeldías, los triunfos y las decepciones.
Cuando alguien escucha una canción que amó a los 18 años, no solo escucha música: revive una parte de sí misma. No se defiende una canción o un género, sino una época de su vida. Durante la adolescencia y la juventud el cerebro está especialmente abierto a nuevas experiencias y patrones sonoros.
En la vida seguimos aprendiendo música nueva, pero preferimos estructuras ya conocidas. Por ello el rechazo adulto hacia estilos nuevos. Ocurrió con el jazz, el rock, la salsa, el punk, el hip hop, el reguetón y ocurrirá con géneros que todavía no existen. Las generaciones necesitan diferenciarse y la música funciona como una bandera generacional y buscan música que los identifique como distintos de sus padres.
Históricamente, criticaron el vals, el tango, el jazz, el rock and roll, los Beatles, el heavy metal, el rap y el reguetón. Fueron considerados escandalosos o el fin de la música por algún sector de la generación anterior. Pero muchos terminaron convirtiéndose en patrimonio cultural. Error frecuente es creer que, si algo no nos gusta, entonces es malo. Muchos padres juzgan la música actual utilizando criterios estéticos de su generación, cuando cada una desarrolla sus propios códigos sonoros, tecnológicos y culturales.
Recordamos grandes éxitos de juventud y olvidamos la enorme cantidad de música mediocre que también existía, comparando las mejores canciones de ayer con las peores de hoy. Comparación injusta, ya que siempre habrá obras maestras y también canciones olvidables. Así las cosas. Los padres: La música de hoy ya no es como la de antes. Los hijos: Ustedes no entienden nuestra música. Lo curioso es que ambos tienen razón... y ambos se equivocan. Hasta la próxima semana.
