Ignorancia moral
“Educar es dar al cuerpo y al alma su belleza y perfección de que son capaces”, Platón.
Vivimos consternados por los crímenes que escuchamos constantemente en diversas partes de la República Mexicana, por la promiscuidad sexual, la pederastia, el abuso de drogas, los abortos, los divorcios, los niños abandonados, las mujeres golpeadas, y nadie hace nada. Las cifras aumentan cada día, pero más preocupante aún, es saber que muchos jóvenes y no tan jóvenes no saben distinguir en todo esto, lo que está bien y lo que está mal y cada vez más personas se involucran en estos rangos.
Lo triste es ver hoy que los jóvenes no saben distinguir cuando es un acto bueno o malo, todo se va en el sentir, en el pobrecito, pero no saben llamar a las cosas por su nombre. La raíz de esta problemática que hoy tenemos es el sistema educativo que se puso en práctica en la década de los sesenta, este método inició en los Estados Unidos, para después llegar a nuestro país; el método llamado “tomar decisiones” o “aclaración de valores”, contraponiéndolo ante la educación del carácter.
Este método incluye aprender a poner en tela de juicio todos los valores tradicionales, incluso los más elementales, todo lo que digan los padres queda en entredicho, dando siempre respuestas subjetivas, realizando debates de temas de valores, donde todos opinan, lo más importante son los sentimientos, y se carece de una directriz de lo que es bueno y malo, sin llegar a conclusiones profundas.
Lo mejor es dejarse llevar por lo más fácil, donde uno se sienta mejor, y los debates de ética, ya no buscan solucionarse por la moralidad de los actos, es decir; por lo que es bueno y malo, por lo contrario, los problemas éticos de la política, de la familia, de la guerra, de la violencia, del abuso de poder se resuelven con el sentir personal, con la opinión de la mayoría, con el sentir bonito, por el beneficio económico, careciendo realmente la búsqueda de la solución al problema.
Los chavos llegaban a la conclusión que no hay absolutos, las respuestas morales son cambiantes según el momento y circunstancias, se hace caso omiso a los criterios fundamentales que siempre serán necesarios para analizar los casos más complejos. Llegando a la gran conclusión que los valores que han imperado en la sociedad son totalmente subjetivos, y cambiantes, y se dan al gusto del consumidor.
Cada quien escoge sus valores según le apetece, todo se convierte en relativo, el desprecio por las costumbres y la religión, el desprecio por la autoridad, el no seguir reglas, nos ha llevado a no poder discernir el bien del mal. Además, el cambio ha sido paulatino, sin darnos cuenta.
Esto me recuerda la historia de la ranita, que al ponerla dentro de un balde de agua hirviendo, saltó inmediatamente para no quemarse con el agua caliente. Por lo contrario, si a la misma rana se le pone en un balde de agua al tiempo, y esta agua se va calentando paulatinamente hasta que llegue a hervir, la ranita nunca va a saltar, allí se quedará, y podremos preparar unas deliciosas ancas de rana.
