La fórmula para matar al turismo
Lo que el Gobierno Federal ha hecho con el turismo mexicano parece sacado de un manual para destruir una industria...
Lo que el Gobierno Federal ha hecho con el turismo mexicano parece sacado de un manual para destruir una industria: quitarle la promoción, encarecer la llegada de los visitantes, dejar que se acumulen los problemas ambientales y después esperar que los turistas sigan llegando como si nada hubiera pasado. Es difícil imaginar una fórmula más equivocada para debilitar uno de los sectores que más riqueza, inversión y empleo generan en el país.
México parece empeñado en patear a la gallina de los huevos de oro y Quintana Roo comienza a pagar las consecuencias. El Caribe Mexicano no vive de discursos ni de presumir que sus playas son conocidas en todo el mundo. Vive de turistas que reservan habitaciones, consumen, contratan excursiones y generan ingresos para cientos de miles de familias. Cuando esos visitantes dejan de llegar, el golpe no se queda en los hoteles: se extiende por toda la economía estatal.
La primera gran ocurrencia fue desaparecer el Consejo de Promoción Turística de México, como si vender al país en el extranjero fuera un gasto inútil y no una inversión estratégica. En un mercado internacional donde los destinos compiten agresivamente por cada viajero, el gobierno federal decidió debilitar uno de los instrumentos que México tenía para promocionarse. Mientras otros países invierten en campañas, alianzas comerciales y posicionamiento internacional, aquí se apostó a que la marca México se vendería sola. Una ingenuidad que hoy puede salir muy cara.
Porque el prestigio de un destino no es eterno. República Dominicana, Jamaica y otros países del Caribe no están esperando a que México reaccione: están disputándole sus mercados, sus vuelos y sus visitantes. Y mientras ellos fortalecen su competitividad, nuestro país parece conformarse con vivir de la fama que construyó en el pasado.
Como si no bastara con reducir la promoción, también se incrementa el costo de visitar México mediante el Derecho de No Residente. La pregunta es elemental: ¿qué lógica tiene encarecer la llegada de los turistas cuando la competencia internacional ofrece alternativas cada vez más atractivas? El gobierno federal parece olvidar que el viajero no tiene ninguna obligación de venir a Cancún, Playa del Carmen, Cozumel o Tulum. Si encuentra una mejor relación entre precio y experiencia en otro destino, simplemente cambia de avión y se lleva su dinero a otra parte.
A esa política se suma el sargazo, un problema ambiental que lleva años golpeando las costas del Caribe Mexicano y para el cual no se ha consolidado una solución integral. No se le puede exigir al gobierno que controle por decreto un fenómeno natural de dimensiones internacionales, pero sí que encabece una estrategia seria, permanente y coordinada para contenerlo, proteger los ecosistemas y desarrollar alternativas de aprovechamiento industrial. Lo que no puede aceptarse es que cada temporada vuelva a sorprendernos un problema que conocemos desde hace años.
La actual temporada turística, considerada por integrantes del sector entre las más bajas en décadas, debería ser una llamada de atención. No se trata de responsabilizar exclusivamente a la Federación de cada habitación vacía: también pesan los precios elevados, la conectividad, la seguridad y la calidad del servicio. Pero el gobierno federal tampoco puede lavarse las manos
cuando sus decisiones fiscales y la reducción de los instrumentos de promoción forman parte del problema. El turismo no necesita discursos triunfalistas ni explicaciones burocráticas; necesita promoción, competitividad, infraestructura, seguridad y una estrategia ambiental a la altura de la importancia económica del Caribe Mexicano.
Quintana Roo no puede seguir pagando el precio de decisiones tomadas desde un escritorio, lejos de la realidad de quienes viven del turismo. Si el gobierno federal insiste en tratar esta actividad como una fuente inagotable de ingresos a la que todavía se le pueden cargar más costos y quitarle herramientas de promoción, terminará debilitando aquello que pretende aprovechar.
La gallina de los huevos de oro no se muere de un día para otro. Primero pone menos huevos, después deja de ser rentable y finalmente alguien descubre, demasiado tarde, que no era invencible. Esa es la advertencia que debería escuchar el gobierno federal antes de que una mala temporada se convierta en un problema estructural para el Caribe Mexicano.
