Los costos de la guerra de Trump: volatilidad, inflación y posible estanflación
El peso mexicano se depreció frente al dólar en la última jornada de la semana. La divisa local retrocedió fuertemente y revirtió un moderado avance semanal...
El peso mexicano se depreció frente al dólar en la última jornada de la semana. La divisa local retrocedió fuertemente y revirtió un moderado avance semanal en un mercado que sigue preocupado por la guerra en Oriente Medio y sus posibles impactos económicos.
El tipo de cambio terminó la semana en el nivel de 17.9557 unidades por dólar. Contra un cierre de 17.7396 unidades el jueves anterior, con los datos oficiales del Banco de México, eso significó para la moneda una caída de 21.61 centavos, equivalentes a 1.22%.
El precio del dólar se movió en un rango entre un máximo de 17.9963 unidades y un nivel mínimo de 17.7092. El Índice dólar (DXY), del Intercontinental Exchange, que compara a la divisa estadounidense con seis monedas referencia, avanzó 0.34% a 99.54 unidades.
Preocupaciones por el petróleo. Los enfrentamientos entre Estados Unidos e Israel contra Irán han impactado en instalaciones energéticas en Oriente Medio. Esto, sumado al cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán, completa un escenario complejo que impulsaba el WTI 2.38% hasta 97.82 dólares.
Autoridades de Irak declararon fuerza mayor en todos los yacimientos petroleros operados por empresas extranjeras. La medida implica que, debido a unas circunstancias fuera de su control, será posible suspender o afectar operaciones sin caer en penalizaciones contractuales.
Esperan inflación y anuncio de Banco de México. Esta semana, la Reserva Federal (Fed), el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Inglaterra (BoE) decidieron mantener sus tasas de interés sin cambios. Estas tres autoridades coincidieron en que los riesgos por la guerra exigían una postura más conservadora. La próxima semana será el turno del Banxico de comunicar su decisión. Se espera que también mantenga su tasa de interés sin cambios. En México también serán relevantes los datos de inflación de la primera quince del mes, que se conocerán antes de su anuncio.
Peso registra ligera caída semanal. Mientras tanto, el tipo de cambio terminó la semana con una pérdida marginal. Frente al cierre oficial de 17.9489 unidades por dólar del viernes pasado, el peso mexicano registró una caída acumulada contra el dólar de 0.04%, inferior a un centavo, con datos del Banxico. "En el corto plazo, es probable que el mercado continúe operando con alta volatilidad, donde cualquier señal de una desescalada en el conflicto podría generar rebotes importantes, pero difíciles de sostener", dijo Laura Torres, directora de inversión de IMB Capital Quants.
¿Qué es la volatilidad en el contexto actual? Mire Usted, el jueves pasado, el petróleo Brent llegó a superar los 119 dólares por barril —el nivel más alto desde 2022— para luego retroceder hacia los 111 dólares al cierre de la sesión. Que algunos interpreten lo ocurrido ayer como una señal tranquilizadora sería un error de lectura. Lo que ocurrió no fue una corrección de tendencia.
FUE VOLATILIDAD: ES DECIR, LA EXPRESIÓN DE QUE LOS INVERSIONISTAS NO SABEN QUÉ VIENE A CONTINUACIÓN.
CUANDO ESO OCURRE, EL PROBLEMA DEJA DE SER UNA PRIMA DE RIESGO GEOPOLÍTICO Y COMIENZA A CONVERTIRSE EN UNA AMENAZA REAL PARA EL COMERCIO, LA INFLACIÓN Y LAS CADENAS DE SUMINISTRO.
El FMI lo cuantifica con precisión: cada 10% de aumento sostenido en los precios del petróleo equivale a 0.4 puntos porcentuales adicionales de inflación global y una caída de 0.15 puntos en el crecimiento económico.
El Brent arrancó el año en torno a los 69 dólares. El viernes tocó los 119. Eso es un incremento superior al 70% en menos de tres meses. Si esas proporciones se mantienen, el impacto sobre inflación y crecimiento dejaría de ser un ajuste menor para convertirse en un evento macroeconómico de primera magnitud. Y eso suponiendo que los precios no sigan subiendo.
Qatar ofrece la señal más clara del riesgo. No es un actor secundario: es uno de los pilares del mercado mundial de gas natural licuado. Si una fracción relevante de esa oferta queda fuera durante meses, el golpe se trasladará a la petroquímica, los fertilizantes, la generación eléctrica y los costos industriales de buena parte del planeta. Europa, que ya vivió una crisis energética severa tras la invasión rusa a Ucrania, enfrenta hoy una vulnerabilidad renovada. Asia, que depende críticamente del GNL del Golfo Pérsico, también.
Y todo eso ocurre con el estrecho de Ormuz como telón de fondo. Si el flujo continúa en la zona, aunque fuera con sobresaltos, la economía internacional podría seguir operando. Pero si la navegación se complica de manera sostenida —por ataques, restricciones o primas de seguro prohibitivas— el problema saltará del mercado energético al comercio global. Y del comercio, casi inevitablemente, a las finanzas. Y ya van casi tres semanas de cierre virtual del tráfico.
La metamorfosis de la crisis no toma mucho tiempo. La primera fase ocurre en horas: suben el crudo, los fletes, las coberturas y la volatilidad. La segunda tarda semanas: la resienten las aerolíneas, la industria química, las navieras y las manufacturas intensivas en energía. La tercera, la más peligrosa, llega cuando el shock energético empieza a cambiar las decisiones de bancos centrales, empresas e inversionistas. Es la fase en que los efectos dejan de ser sectoriales y se vuelven sistémicos.
Ahí es donde el panorama se vuelve verdaderamente delicado. Porque el mundo todavía no termina de resolver la herencia inflacionaria de los últimos años. Un nuevo impulso en los precios de la energía, prolongado en el tiempo, pondría a los bancos centrales frente a una disyuntiva crítica: subir tasas para contener la inflación o mantenerlas para no asfixiar una actividad que ya muestra signos de fatiga. Es la peor combinación posible: energía más cara, crecimiento más débil y tasas de interés más altas por más tiempo. Un escenario que los funcionarios prefieren no nombrar, pero que tiene nombre: ESTANFLACIÓN.
Analistas de Wood Mackenzie advierten que el Brent podría alcanzar 150 dólares si se prolonga el conflicto. Irán habla de 200. El mercado ya lo anticipa: la brecha entre el Brent y el WTI se ha ampliado de manera notable, lo que revela que el temor está concentrado en el comercio marítimo internacional y en la seguridad del suministro fuera de Estados Unidos. No es solo un problema de precios. Es un problema potencial de disponibilidad y de rutas, diezmando la viabilidad del comercio mundial.
