Músico que no baila

Hemos visto músicos que tienen un ritmo increíble pero cuando bailan parecen tablas. No es falta de talento. Es porque al tocar un instrumento...

|
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram

Hemos visto músicos que tienen un ritmo increíble pero cuando bailan parecen tablas. No es falta de talento. Es porque al tocar un instrumento o bailar se utilizan sistemas cerebrales diferentes.

El ritmo no es una sola habilidad. Cuando hablamos de tener ritmo hablamos de procesos: Percibir el pulso, anticipar el siguiente tiempo, coordinar los movimientos, ajustarse continuamente al sonido y tu cerebro procesa cada uno de ellos por separado. Un músico puede dominar solo una parte. Un pianista o un violinista, pueden sincronizar perfectamente sus manos con un metrónomo.

Pero bailar requiere, además: equilibrio, coordinación corporal global, control del tronco, desplazamiento espacial, movimientos de piernas y brazos simultáneamente y esto lo convierte en un reto motriz completamente distinto.

El cerebro utiliza circuitos diferentes. Al tocar un instrumento se activan redes en: corteza auditiva, corteza motora fina, ganglios basales, cerebelo. Al bailar, se requieren habilidades adicionales de planificación corporal, equilibrio, orientación espacial, integración visual y coordinación.

Por eso, alguien puede tocar muy bien, pero parecer torpe al bailar. Ser buen músico NO garantiza ser buen bailarín. Estudios han comparado por años a músicos y bailarines, encontrando que los músicos sobresalen en tareas de percepción auditiva del pulso. Los bailarines en la sincronización de movimientos corporales completos. Cada tipo de entrenamiento fortalece habilidades diferentes.

Y por ello existen bailarines con excelente coordinación corporal que no tienen el mismo nivel de precisión para ejecutar ritmos complejos en un instrumento. La experiencia específica modifica cómo el cerebro procesa el ritmo. Los músicos entrenan los músculos pequeños y los bailarines los músculos grandes y ahí la diferencia entre la motricidad fina y la gruesa.

El baile también entrena y aprender danza mejora coordinación, sincronización, percepción temporal, control motor, integración entre oído y movimiento. Esto no solo ayudará a bailar mejor, también puede enriquecer la interpretación musical. La música ocurre en el cuerpo. No basta con escuchar el ritmo, hay que sentirlo, anticiparlo y permitir que todo el cuerpo participe. Por eso incorporar el movimiento musical, puede convertirnos en músicos más completos. Hasta la próxima semana.

Lo más leído

skeleton





skeleton