Presupuestos
Inicio el 2026, muy contento, muy positivo y sin dejar de lado la esperanza de que los presupuestos mundiales de cultura vayan al alza...
Inicio el 2026 muy contento, muy positivo y sin dejar de lado la esperanza de que los presupuestos mundiales de cultura vayan al alza. Sé que esto suena muy romántico, pero la esperanza muere al último.
Estamos creando una sociedad muy dispersa en la banalidad y poco aterrizada en lo verdaderamente importante. Estamos confundiendo cultura y arte con entretenimiento y no nos damos cuenta del terrible daño que esto causa.
Bad Bunny ya terminó sus ocho conciertos en la Ciudad de México. Llenos totales. Cifras brutales. Fotos espectaculares. La maquinaria funcionando perfecto. Bad Bunny no es música en el sentido profundo de la palabra. Es un producto. Un balbuceo cuidadosamente empacado. Un fenómeno de mercadotecnia, algoritmo, repetición y validación social. Y ojo: eso no lo hace ilegal, ni prohibido, ni “pecado musical”.
Lo preocupante es cuando se confunde el éxito con calidad, cuando la gente cree que llenar estadios equivale a tener propuesta, alma o legado. Y no, no se trata de sentirnos superiores. Aquí nadie se siente más inteligente, más culto ni más fregón por no ir. El punto es otro. Más incómodo. Más real. Siempre nos han dicho que si eres melómano deberías escuchar de todo. Y claro que escuchamos de todo. ¿Dónde está la diversidad?
Realmente escuchar de todo y darle su punto a cada cosa, sin olvidar que una obra de arte, también es un producto; y como producto se vende y tiene precio.
La Unesco sugiere que el 1% de los presupuestos federales, estatales y municipales, se designen para educación, arte y cultura. Eso nos haría totalmente diferentes y si lo analizamos en términos matemáticos, no es tanto dinero y puede hacer milagros. Más museos, más bibliotecas, más salas de arte en general, más música.
En una entrevista, el afamado director de orquesta Riccardo Muti, dijo esto: “Pensando de manera positiva, una orquesta sinfónica cuesta hoy menos que un jugador de fútbol”. ¿Qué legado esperamos dejar a nuestros hijos? La cultura no existe para sacar ganancias, sino para educar. Si esto no cambia, en las futuras generaciones prevalecerán personas superficiales y muy peligrosas. Que Dios ilumine al mundo y que el arte y la cultura aumenten y prevalezca por siempre. Feliz 2026. Hasta la próxima semana.
