Sargazo: El Gran Ausente
La visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Quintana Roo despertó expectativas. No era para menos. El estado enfrenta retos...
La visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Quintana Roo despertó expectativas. No era para menos. El estado enfrenta retos de enorme magnitud y, entre ellos, el sargazo sobresale por su impacto económico, ambiental y turístico.
Sin embargo, la gira concluyó sin que se anunciara una estrategia integral para enfrentar un fenómeno que dejó de ser una contingencia estacional para convertirse en una amenaza permanente para el principal motor económico de Quintana Roo.
El silencio preocupa.
Cada año, toneladas de sargazo llegan a las costas del Caribe Mexicano. Las playas pierden atractivo, el olor afecta la experiencia de los visitantes, los hoteles y restaurantes destinan millones de pesos a su recolección y los municipios enfrentan una batalla que parece no tener fin. No se trata únicamente de limpiar la arena; se trata de proteger miles de empleos y la competitividad de uno de los destinos turísticos más importantes del mundo.
Por ello, durante la visita presidencial se esperaba algo más que una referencia general al problema. Se esperaba una ruta de acción, un compromiso presupuestal, una mayor coordinación entre la Federación, el Estado, los municipios, la comunidad científica y la iniciativa privada. En pocas palabras, se esperaba un plan.
Ese anuncio no llegó.
Nadie espera una solución mágica para un fenómeno cuya dimensión rebasa las fronteras nacionales. Lo que sí puede exigirse es una política pública seria, permanente y basada en evidencia científica. La improvisación ya no alcanza cuando el sargazo regresa año tras año con mayor intensidad.
La incertidumbre genera desconsuelo entre quienes viven del turismo. Hoteleros, restauranteros, prestadores de servicios, comerciantes y trabajadores saben que la imagen de las playas es uno de los principales activos de Quintana Roo. Si ese activo se deteriora y no existe una estrategia clara para protegerlo, las consecuencias pueden sentirse en la ocupación hotelera, el consumo y el empleo.
El Caribe Mexicano no puede acostumbrarse a que el sargazo sea parte del paisaje ni a que la respuesta institucional consista únicamente en reaccionar cuando las playas ya están cubiertas. La prevención, la investigación científica, la contención en altamar y el aprovechamiento del alga deben formar parte de una política de Estado, no de acciones aisladas.
Quintana Roo ha demostrado una extraordinaria capacidad para superar huracanes, pandemias y crisis económicas. Pero ninguna región puede sostener indefinidamente su principal actividad económica sin una estrategia clara frente a uno de sus mayores desafíos.
El sargazo no esperará. La pregunta es cuánto más tendrá que esperar Quintana Roo para contar con una política integral que esté a la altura del problema.
