Sheinbaum y la crisis turística
La visita de Claudia Sheinbaum a Quintana Roo dejó algo más que anuncios de infraestructura y compromisos gubernamentales...
La visita de Claudia Sheinbaum a Quintana Roo dejó algo más que anuncios de infraestructura y compromisos gubernamentales. Dejó también una interrogante: ¿está la presidenta dimensionando los problemas que enfrenta la principal actividad económica del estado?
La mandataria sí habló de turismo durante su reciente gira por Chetumal. El problema no fue el silencio, sino el tono de sus respuestas. Frente a las preocupaciones sobre la competitividad del Caribe mexicano y el impacto de las decisiones federales en la llegada de visitantes, su postura fue de tranquilidad. Como si bastara con asegurar que el turismo seguirá llegando para disipar las señales de alarma.
Pero la economía no funciona a partir de declaraciones optimistas. Funciona con reservaciones, vuelos, ocupación hotelera, gasto promedio y empleos. Y cuando quienes sostienen la actividad turística advierten dificultades, lo mínimo que se espera del Gobierno federal es que escuche, investigue y responda con medidas concretas, no que reduzca la dimensión del problema.
Quintana Roo no puede darse el lujo de subestimar las amenazas a su competitividad. El destino enfrenta desafíos que van desde el sargazo hasta la presión de otros mercados del Caribe, pasando por los costos que enfrenta el visitante y la necesidad de mantener una experiencia turística que justifique el precio de viajar a México.
En ese contexto, defender el incremento del Derecho de No Residente sin conceder suficiente espacio a las posibles consecuencias sobre la demanda resulta, cuando menos, cuestionable. No se trata de afirmar que un impuesto adicional provocará por sí solo una caída de turistas. Se trata de reconocer que, en un mercado internacional competido, cada costo cuenta y sus efectos deben evaluarse con seriedad.
El riesgo de minimizar estas advertencias es que el Gobierno termine reaccionando cuando los efectos ya se reflejen en los hoteles, los restaurantes, las agencias, los prestadores de servicios y los bolsillos de miles de trabajadores.
La presidenta debería entender que el turismo de Quintana Roo no es solamente una fuente de divisas ni una estadística que se pueda defender desde una conferencia. Es el sustento de miles de familias y el motor de una economía que no puede depender exclusivamente de la inercia de su atractivo natural.
Quintana Roo necesita coordinación, promoción eficaz, soluciones al sargazo y decisiones fiscales que tomen en cuenta la competencia internacional. Necesita, sobre todo, un Gobierno federal dispuesto a reconocer los riesgos antes de que se conviertan en daños mayores.
Porque una cosa es transmitir confianza y otra muy distinta minimizar los problemas.
En turismo, el optimismo oficial no sustituye los resultados.
