Vaivenes en el Día del Médico: cobarde sacrificio institucional

Entre los antiguos mayas, ciertos rituales de sacrificio humano vinculaban la ofrenda de la vida con el orden sagrado...

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Entre los antiguos mayas, ciertos rituales de sacrificio humano vinculaban la ofrenda de la vida con el orden sagrado. Así lo documentan investigaciones de la UNAM. Aquella civilización fue mucho más que esos ritos; pero la imagen del altar permite una reflexión incómoda: ¿cuánto hemos avanzado si todavía pretendemos sostener el poder mediante el sacrificio ajeno? Semejanzas maravillosas: evocando al Yucateco Palmerín.

En este Día del Médico, México debería mirar sus hospitales antes de preparar felicitaciones. Porque entre discursos solemnes y fotografías oficiales persiste una contradicción: se celebra al profesional mientras se normalizan condiciones que desgastan su salud, empobrecen su formación y deterioran su capacidad de atender. El reconocimiento dura una ceremonia; la sobrecarga continúa durante toda la guardia.

Hoy el altar puede adoptar forma de escritorio. Desde allí se anuncian coberturas, contrataciones y ampliaciones, como si pronunciar una meta bastara para construirla. Pero ningún discurso produce especialistas por generación espontánea. Formarlos exige años, profesores, pacientes, supervisión, infraestructura e insumos. Confundir matrícula con capacidad educativa es convertir una responsabilidad nacional en propaganda.

La NOM-001-SSA-2023 regula la organización y el funcionamiento de las residencias médicas. La formación tiene obligaciones institucionales; no puede descansar únicamente en la resistencia del residente. Ampliar oportunidades debe acompañarse de condiciones verificables para aprender y atender con calidad. De lo contrario, el crecimiento anunciado puede terminar repartiendo las mismas carencias entre más personas.

Ese es el círculo vicioso: necesidades crecientes, servicios saturados, enseñanza presionada y trabajadores utilizados para cubrir huecos. Si faltan espacios adecuados para completar la preparación, el riesgo es terminar asignando responsabilidades que excedan las competencias adquiridas. El paciente queda expuesto y el médico carga con consecuencias cuya raíz también puede estar en decisiones administrativas.

Las caminatas, los plantones y los paros merecen escucharse antes de condenarse. En junio de 2026, residentes del Hospital Infantil de México levantaron una protesta tras acuerdos sobre sus demandas, entre ellas medidas contra el acoso y garantías frente a represalias. Tener que movilizarse para exigir un entorno digno revela una fractura que ninguna felicitación puede reparar.

Sin embargo, aparece el escarnio. Al que exige seguridad lo llaman conflictivo; al que denuncia agotamiento le cuestionan la vocación. Algunos detractores parecen olvidar aquellas horas de zozobra en que una bata junto a la cama significó esperanza. La gratitud no obliga al silencio frente al error médico, pero la crítica tampoco autoriza la humillación colectiva.

De héroes a villanos: basta que quienes sostienen el servicio reclamen derechos para que cambie el libreto. La vocación se vuelve entonces una coartada para exigir disponibilidad ilimitada. Como si elegir cuidar la vida significara renunciar a la propia.

México necesita planeación, formación completa, trabajo digno y autoridades que respondan por sus decisiones. Defender al médico también protege al paciente. Este día exige algo más que aplausos: retirar a los profesionales del altar donde la politiquería pretende ofrecerlos para encubrir su incapacidad. Basta de rasgarse las vestiduras y con discursos cobardes insultar a los héroes que los han convertido en villanos. Pura hipocresía institucional. 

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