Aficionados al mundo fungi impulsan descubrimientos para la ciencia
Pese a ser grandes conectores del planeta, la ciencia apenas ha documentado unas 155 mil especies de hongos, cerca del 6% de las que se estima que existen.
Los hongos —que no son plantas ni animales— son esenciales para descomponer materia, alimentar a animales y sostiener bosques enteros. Actualmente, aficionados al mundo fungi están teniendo un rol importante al impulsar descubrimientos para la ciencia.
Lo que podemos encontrar al bajar la mirada mientras caminamos
Entre hojas secas de manzanita, en el condado de Napa, California, la micóloga Jessica Allen buscaba un hallazgo esquivo: un raro cúmulo amarillento de hongos manzanita, visto por última vez en la zona hace dos años. La escena, sin embargo, cambió de rumbo en minutos. Allen se arrodilló, sacó una lupa y se perdió en un universo diminuto y colorido: líquenes de formas y texturas sorprendentes adheridos a una roca.
“¡Es tan fácil distraerse… hay tantos líquenes!”, dijo emocionada.
A su lado, la ecologista Jesse Miller, presidenta de la Sociedad de Líquenes de California, asentía: “Esa fue una buena roca”.
Ambas forman parte de una comunidad creciente que busca proteger el reino Fungi, un mundo tan esencial como invisibilizado.
Un reino vital, poco protegido
Casi todas las formas de vida dependen de los aproximadamente 2.5 millones de especies de hongos que existen en el planeta. Además de sostener ecosistemas completos, aportan cerca de 54 billones de dólares anuales a la economía mundial —en alimentos, medicinas y otros usos—, según un estudio publicado por Springer Nature. Aun así, su conservación ha sido históricamente relegada frente a plantas y animales.
“Es un momento muy emocionante para la conservación de los hongos”, afirma Allen, quien trabaja en NatureServe, impulsando la protección de especies en Estados Unidos y Canadá. En la última década, explica, la ciencia ciudadana ha sido clave para cambiar el panorama.
Ciencia ciudadana: el eslabón que faltaba
Los hongos incluyen desde levaduras y mohos hasta líquenes y setas comestibles, psicodélicas o letales. A pesar de que son grandes conectores del planeta, la ciencia apenas ha documentado unas 155 mil especies, cerca del 6% de las que se estima que existen.
Ahí es donde entran los investigadores aficionados. Grupos como la Sociedad de Líquenes de California organizan salidas de campo que son, a la vez, búsqueda del tesoro y levantamiento de datos.
“Suelen ser quienes hacen los descubrimientos más importantes y quienes vigilan esas especies raras a lo largo del tiempo”, destaca Allen.
Larry Cool, químico y liquenólogo desde hace más de cinco décadas, lo resume con humor: “Los liquenólogos son pésimos compañeros de senderismo”, porque se detienen a observar cada roca. Para él, los líquenes son “misteriosamente impredecibles” y una fuente constante de asombro.
Ese mismo entusiasmo define a Ken Kellman, reparador jubilado que, como aficionado, ha contribuido a documentar biodiversidad en Santa Cruz, California.
“Mantiene tu cerebro en un estado permanente de ‘¡wow!’”, dice.
Un rezago que empieza a cerrarse
A escala global, la conservación fúngica avanza a ritmos desiguales. Gregory Mueller, copresidente del comité de conservación de hongos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), señala que 411 de las 1,300 especies evaluadas están en peligro de extinción. Mientras Europa lleva décadas protegiéndolas, en Estados Unidos el rezago es notable.
El cambio comienza, en parte, gracias a plataformas de ciencia comunitaria como iNaturalist y Mushroom Observer, donde miles de personas suben fotografías y registros.
“Esos datos nos están dando una idea más clara de qué especies podrían estar en problemas”, explica Mueller.
Amenazas invisibles
La mayoría de los hongos pasa su vida oculta como micelio bajo tierra y solo se hace visible en condiciones específicas.
“Por eso sabemos tan poco de ellos”, señala Nora Dunkirk, micóloga del Instituto de Recursos Naturales de la Universidad Estatal de Portland.
Entre las principales amenazas enumera el cambio climático, los incendios forestales, la pérdida de hábitat, la contaminación y la sobreexplotación.
Casos como el del hongo de la quinina en Europa —recolectado en exceso por sus propiedades medicinales— muestran cómo incluso especies longevas pueden colapsar.
Con información de AP
