El inodoro de 23 mdd: el costoso ‘lujo’ de la misión Artemis II
Desarrollado por la NASA, el dispositivo —conocido oficialmente como Sistema Universal de Gestión de Residuos— tardó seis años en ser diseñado y producido.
Uno de los elementos más llamativos —y costosos— de la misión Artemis II no es un motor ni un sistema de navegación, sino su inodoro, un aparato de titanio que costó la cantidad de 23 millones de dólares.
Desarrollado por científicos de la NASA, el dispositivo —conocido oficialmente como Sistema Universal de Gestión de Residuos— tardó seis años en ser diseñado y producido. Se trata de un sistema impreso en 3D, pensado para funcionar en condiciones de microgravedad y garantizar higiene y eficiencia en misiones prolongadas.
Un baño de alta tecnología… y alto costo
El proyecto incluyó la creación de dos unidades, cada una con un costo de 11.5 millones de dólares. Uno de estos modelos fue instalado en la Estación Espacial Internacional (EEI) en 2020, donde sustituyó antiguos métodos menos prácticos, como bolsas de plástico, por un sistema de succión que almacena los desechos de forma más segura y limpia.
Sin embargo, ni su sofisticación lo hace infalible. Tras el despegue del Artemis II, la manguera de orina se averió, aunque los astronautas lograron resolver el problema rápidamente con ayuda desde la Tierra.
Entre los más caros de la historia
A pesar de su precio millonario, el sanitario de Artemis II no ostenta el récord absoluto.
Según el Libro Guinness de los Récords, el sistema de residuos del transbordador espacial Endeavour, introducido en 1992, costó cerca de 30 millones de dólares en su momento y que, ajustado a la inflación actual, rondaría los 70 millones de dólares en 2026.
Un recurso esencial en el espacio
Hoy en día existen apenas una decena de estos sistemas avanzados fuera de la Tierra, distribuidos en distintas plataformas espaciales.
Además de los instalados en la Estación Espacial Internacional, también hay unidades en la estación china Tiangong, así como en naves como Soyuz, Crew Dragon y Shenzhou.
Con información de New York Post
