Origen del agua potable podría elevar el riesgo de padecer Parkinson
Aunque no existe una cura definitiva para la enfermedad de Parkinson, los tratamientos actuales pueden ayudar a controlar los síntomas.
Un nuevo estudio científico reveló que la fuente de donde proviene el agua potable que consumen las personas podría aumentar significativamente el riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson, un trastorno neurodegenerativo progresivo que actualmente no tiene cura.
¡Aguas con tu agua!
El análisis señala que quienes consumen agua proveniente de ciertos tipos de acuíferos —reservorios naturales subterráneos donde se acumula el agua filtrada del suelo— podrían enfrentar un riesgo mayor de diagnóstico.
Agua subterránea bajo la lupa
Los acuíferos están formados por capas de roca, arena, grava o limo que almacenan agua de lluvia y nieve derretida tras filtrarse por el terreno. Posteriormente, esta agua se extrae mediante pozos para uso doméstico, agrícola o industrial.
Aunque funcionan como filtros naturales, estos sistemas no están libres de contaminación. Fugas de tanques, sistemas sépticos, fertilizantes, pesticidas y otros químicos pueden infiltrarse en el suelo y afectar la calidad del agua, generando posibles impactos en la salud a corto y largo plazo.
Para analizar si este fenómeno podía estar relacionado con el Parkinson, un equipo científico examinó datos de 12 mil 370 personas con la enfermedad y más de 1.2 millones sin ella, todos residentes a menos de tres millas de 1,279 sitios de muestreo de agua subterránea distribuidos en 21 acuíferos principales de Estados Unidos.
El tipo de acuífero marca la diferencia
El estudio analizó tres variables principales:
- la edad del agua subterránea,
- el tipo de acuífero,
- y si el agua provenía de sistemas municipales o pozos privados.
Los resultados mostraron que las personas que bebían agua proveniente de acuíferos carbonatados —formados principalmente por piedra caliza y con agua almacenada en grietas— tenían 24% más probabilidades de desarrollar Parkinson en comparación con quienes consumían agua de otros tipos de acuíferos.
La diferencia fue aún más marcada frente a los acuíferos glaciares, donde el riesgo resultó 62% menor.
Los acuíferos glaciares, formados hace más de 12 mil años por el avance y retroceso de glaciares, están compuestos principalmente de arena y grava. En ellos, el agua queda atrapada entre sedimentos que ayudan a filtrar contaminantes de manera natural.
La edad del agua también influye
Los investigadores también detectaron que el agua subterránea más reciente —de menos de 75 años— en acuíferos carbonatados se asocia con 11% más riesgo de Parkinson en comparación con agua mucho más antigua, que puede tener más de 12 mil años.
Según los científicos, esto podría deberse a que el agua más nueva es más vulnerable a contaminantes provenientes de la superficie, mientras que el agua más antigua suele estar protegida por capas geológicas que actúan como barreras.
En contraste, los acuíferos glaciares tienden a ralentizar el movimiento del agua y filtrar contaminantes, por lo que las diferencias entre aguas más nuevas y antiguas son menos evidentes.
Un hallazgo con algunas limitaciones
El estudio también reconoce algunas limitaciones. Por ejemplo, se asumió que todas las personas que viven dentro de un radio de 4.8 kilómetros de un sitio de muestreo comparten las mismas características del acuífero y del agua subterránea.
Aun así, los investigadores consideran que los resultados aportan información importante sobre los factores ambientales que podrían influir en enfermedades neurológicas.
Where you get your drinking water from can raise your risk of Parkinson's by up to 62% https://t.co/VjgMBgOCel pic.twitter.com/gwX5Cbj5dy
— New York Post (@nypost) March 4, 2026
Parkinson, una enfermedad en aumento
La investigación llega en un momento en que los casos de Parkinson siguen creciendo. En Estados Unidos se diagnostican cerca de 90 mil nuevos casos cada año.
Esta enfermedad ocurre cuando las neuronas productoras de dopamina en el cerebro se deterioran o mueren, lo que afecta funciones esenciales como el movimiento, el equilibrio y la coordinación.
Entre los síntomas más comunes se encuentran:
- temblores
- rigidez muscular
- lentitud de movimiento
- problemas de postura y equilibrio
Aunque no existe una cura definitiva, los tratamientos actuales pueden ayudar a controlar los síntomas y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Para los científicos, comprender mejor la relación entre la calidad del agua y la salud cerebral podría ayudar a la gente a identificar y reducir riesgos ambientales en el futuro.
Con información de New York Post
