‘¡La Novia!’ revive a Frankenstein desde el terror feminista
La nueva película de Maggie Gyllenhaal explora la interioridad de la mujer que durante décadas fue tratada solo como un recurso narrativo.
Frankenstein, es una figura que durante décadas fue apenas un símbolo silencioso del cine clásico y ahora regresa ahora al centro de la historia. La película ¡La novia! de Maggie Gyllenhaal, forma parte de una nueva ola de terror feminista que cuestiona cómo la cultura ha representado a las mujeres creadas por la ciencia y controladas por otros.
‘La Novia de Frankenstein’ de 1935
La cineasta encontró el punto de partida al volver a ver La Novia de Frankenstein, el clásico dirigido por James Whale en 1935. En esa película, la novia del monstruo aparece apenas dos minutos en pantalla: no pronuncia palabras, grita una vez y termina destruida.
Para Gyllenhaal, el personaje fue creado sin consentimiento, destinado a amar a alguien que nunca conoció y eliminado en cuanto rechazó ese destino. Su nueva película, protagonizada por Jessie Buckley y Christian Bale, intenta responder a esa ausencia histórica y explorar la interioridad de la mujer que durante décadas fue tratada solo como un recurso narrativo.
Una nueva ola de monstruos femeninos
En los últimos años, varias producciones han replanteado el mito de Frankenstein y las historias de “mujeres creadas”. Entre ellas destacan Frankenstein, donde la criatura es víctima de las decisiones humanas; Pobres Criaturas, que explora la autonomía radical de su protagonista; y La Sustancia, que transforma la rabia femenina en un espectáculo grotesco de empoderamiento.
Estas obras comparten una idea, la de trasladar el foco hacia la experiencia de las mujeres creadas artificialmente y preguntarse qué desean realmente.
La tinta de Mary Shelley
El debate se remonta a la novela Frankenstein, escrita por Mary Shelley cuando tenía apenas 18 años. Concebida en 1816 durante un verano en Ginebra junto a Percy Bysshe Shelley y Lord Byron, la obra se convirtió en una reflexión sobre el poder de crear vida y las consecuencias de hacerlo sin asumir responsabilidades.
Según la investigadora Anne K. Mellor, especialista en la autora, uno de los momentos más radicales del libro ocurre cuando Víctor Frankenstein decide destruir a la criatura femenina antes de que pueda vivir. Su miedo no es solo al monstruo, sino a una mujer con voluntad propia que podría desafiar el orden establecido.
Mujeres artificiales: un patrón cultural
Académicos como Despina Kakoudaki y Julie Wosk señalan que la historia cultural de las mujeres artificiales sigue un patrón repetido durante siglos: son creadas adultas y con un propósito definido por otros, generalmente como esposas, compañeras o fantasías de perfección. En contraste, los hombres artificiales suelen convertirse en soldados o héroes, como RoboCop, Winter Soldier o Darth Vader.
Para la teórica del cine Barbara Creed, autora de The Monstrous Feminine, el horror que genera la novia de Frankenstein no se basa en lo que podría hacer, sino en lo que representa: una mujer que rechaza el rol asignado por un sistema dominado por la ciencia y el poder masculino.
Del castigo a la reivindicación
La actual ola de terror feminista, explica la investigadora Catherine Spooner, parece invertir la lógica clásica del género. Durante décadas, las mujeres monstruosas eran castigadas por desafiar su rol. Hoy, muchas historias presentan heroínas que atraviesan la oscuridad —un descenso simbólico similar a la katábasis de la mitología griega— y emergen transformadas, aceptando su propia “monstruosidad”.
Ese cambio también dialoga con debates contemporáneos, desde la inteligencia artificial hasta las expectativas sociales sobre las mujeres. Dos siglos después, el mito de Frankenstein sigue funcionando como una metáfora poderosa sobre lo que significa crear algo —o alguien— sin asumir las consecuencias.
Una pregunta que llega 200 años tarde
La película de Gyllenhaal no pretende ofrecer respuestas definitivas. Más bien plantea una interrogante: si la rebelión de estas protagonistas es realmente libertad o simplemente otra fantasía cultural sobre cómo deberían ser las mujeres emancipadas.
Lo que sí cambia es el punto de partida. Por primera vez en la historia cinematográfica del mito, la novia ya no es un accesorio del relato, sino su centro. Durante más de dos siglos nadie le preguntó qué quería. Ahora, al menos, la pregunta finalmente está sobre la mesa.
Con información de Variety
