‘Leviticus’: el filme de terror LGBTQ+ inspirado en retrocesos sociales
El filme del director Adrian Chiarella se posiciona como una película que no solo busca asustar, sino incomodar desde lo emocional y lo político.
En un momento donde los avances en derechos LGBTQ+ parecían consolidarse, la película “Leviticus” surge como una inquietante respuesta a una realidad que, para muchos, ha comenzado a cambiar en sentido contrario.
Más que una historia de horror, el debut del director australiano Adrian Chiarella se construye desde una preocupación profundamente contemporánea: el resurgimiento de discursos y actitudes que amenazan a la diversidad.
‘Leviticus’ nació de la ansiedad
Chiarella admite que encontró inspiración en lo que describe como un “retroceso” en los derechos de las personas LGBTQ+ en los últimos años. Según el cineasta, no solo se trata de políticas públicas, sino también de un cambio en el lenguaje político y en las microagresiones cotidianas que vuelven a instalar el miedo en la vida diaria.
“En los últimos cinco o diez años, al menos en Australia, había notado un cambio en el ambiente, una especie de retroceso en muchos de los derechos por los que las personas LGBTQ+ habían luchado tanto”, comentó. “Quería hacer una película sobre eso. Quería hacer algo un poco más novedoso y personal. Así que pensé en el tipo de películas que veía en esa época de mi vida, cuando estaba pasando por experiencias similares a las de esta película. Eran películas de terror, básicamente”.
Un miedo que nunca se detendrá.#Leviticus
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La película sigue la historia de dos adolescentes australianos, Naim y Ryan —interpretados por Joe Bird y Stacy Clausen—, quienes se enamoran en medio de un entorno hostil. Tras ser sometidos a una terapia de conversión religiosa, su vínculo se transforma en una pesadilla, ya que fuerzas demoníacas comienzan a perseguirlos, adoptando la forma de aquello que más desean, el uno al otro.
Lejos de ser un recurso gratuito, el elemento sobrenatural funciona como una metáfora directa de la homofobia internalizada y social.
“El terror es el género del miedo”, explicó Chiarella. “Es ahí donde le preguntamos al público: ¿a qué le tienen miedo realmente?”.
Para el director, el horror permite explorar la sensación de “otredad” que muchas personas queer experimentan en su proceso de autodescubrimiento.
Un toque de romance en un filme de terror
A pesar de su atmósfera oscura, “Leviticus” no renuncia al romance. La intensidad emocional entre sus protagonistas se convierte en el corazón de la historia, un equilibrio cuidadosamente trabajado desde el guión hasta la posproducción.
La química entre Bird y Clausen fue clave, al punto de que el director diseñó ejercicios poco convencionales —viajes, improvisaciones en espacios públicos y dinámicas de convivencia— para fortalecer su conexión fuera de cámara.
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El resultado resonó con el público incluso antes de su estreno comercial. Tras su debut en el Festival de Sundance, la película fue adquirida por Neon en un acuerdo millonario. Su paso por otros encuentros como South by Southwest y el Overlook Film Festival solo aumentó la expectativa.
Un público con hambre de historias originales y perturbadoras
En medio del resurgimiento del cine de terror de autor —impulsado por éxitos recientes que han demostrado el apetito del público por propuestas arriesgadas—, “Leviticus” se posiciona como una película que no solo busca asustar, sino incomodar desde lo emocional y lo político.
Para Chiarella, el objetivo es contar historias que se sientan reales, incluso cuando están envueltas en lo sobrenatural.
“No queremos que parezca una película”, afirmó. “Queremos que se sienta como la vida misma”.
Con información de Variety
