EU autoriza polémico herbicida en soya y algodón transgénicos

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) aprobó otra vez el uso de dicamba en cultivos de soya y algodón genéticamente modificados.

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EU autoriza polémico herbicida en soya y algodón transgénicos. (Foto: AP)
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La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) aprobó nuevamente el uso del herbicida dicamba en cultivos de soya y algodón genéticamente modificados.

La decisión reaviva la controversia en torno a un pesticida señalado por su tendencia a dispersarse y causar daños en plantaciones vecinas. El anuncio marca un nuevo intento del regulador por mantener disponible una herramienta que —según la EPA— resulta clave para los agricultores que enfrentan malas hierbas de rápido crecimiento. 

La agencia aseguró que la autorización viene acompañada de “fuertes protecciones y limitaciones” para reducir los riesgos asociados a su aplicación.

¿Qué es el dicamba?

El dicamba es un herbicida de uso extendido desde hace décadas, capaz de eliminar maleza sin afectar a cultivos diseñados genéticamente para resistirlo. Sin embargo, su empleo se ha intensificado en los últimos años, lo que ha incrementado las preocupaciones por su volatilidad y la llamada “deriva”, es decir, su desplazamiento hacia campos cercanos.

Organizaciones ambientalistas y activistas cuestionaron la decisión, recordando que tribunales federales bloquearon autorizaciones similares en 2020 y 2024. A su juicio, permitir el uso del dicamba en dos de los cultivos más comunes en Estados Unidos ampliará de forma significativa la cantidad aplicada y, con ello, los daños colaterales.

Una medida insuficiente 

Kelly Ryerson, activista del movimiento Make American Healthy Again (MAHA), expresó su inconformidad y calificó la medida como insuficiente. 

“Una de mis principales prioridades era que se suspendiera permanentemente el uso de dicamba para aplicaciones sobre los cultivos debido a su daño”, afirmó. 

A su juicio, las nuevas restricciones “no son suficientes y perpetuarán la espiral química en la que muchos agricultores están atrapados”. La EPA rechazó que se trate de un enfrentamiento entre la agencia y MAHA, y señaló que los propios agricultores demandan el herbicida. Reconoció, no obstante, que las preocupaciones por su dispersión “son reales” y deben gestionarse. 

Por ello, estableció límites en la cantidad que puede aplicarse por hectárea, restricciones en días calurosos y zonas de protección para evitar afectaciones a cultivos cercanos. Según la agencia, el cumplimiento estricto de estas normas permite usar el químico sin poner en riesgo la salud humana ni el medio ambiente.

La Asociación Americana de la Soya consideró que contar con reglas claras ayudará a los productores a planificar la próxima temporada y a controlar la maleza de manera más eficaz. En contraste, grupos ambientalistas sostienen que la deriva del dicamba ya ha devastado grandes extensiones de vegetales, árboles y otras plantas esenciales.

Las críticas también se apoyan en investigaciones científicas. Un estudio publicado en 2020 en el International Journal of Epidemiology vinculó la exposición al dicamba con un mayor riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer, incluido el de hígado y una forma de leucemia que afecta la sangre y la médula ósea.

Con información de AP 

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