Irán conmemora la Revolución Islámica entre protestas internas

Las conmemoraciones de este miércoles por el 47º aniversario de la Revolución Islámica de 1979 dejaron al descubierto un país dividido.

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Irán conmemora la Revolución Islámica entre protestas internas. (Foto: AP)
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Irán celebró este miércoles el 47º aniversario de la Revolución Islámica de 1979 en un clima marcado por la indignación social ante la represión de recientes protestas y por una creciente tensión con Estados Unidos.

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha vuelto a amenazar con reforzar su presencia militar en Oriente Medio.

IRÁN, UN PAÍS DIVIDIDO

Las conmemoraciones dejaron al descubierto un país dividido. Mientras la televisión estatal transmitía imágenes de cientos de miles de personas participando en marchas progubernamentales —con quema de banderas estadounidenses y consignas de “¡Muerte a Estados Unidos!”—, durante la noche previa se escucharon gritos de “¡Muerte al dictador!” desde viviendas en Teherán, en contraste con los fuegos artificiales patrocinados por el gobierno.

En la plaza Azadi, epicentro del acto oficial en la capital, el presidente Masoud Pezeshkian aseguró que Irán está dispuesto a negociar sobre su programa nuclear y a someterse a verificaciones internacionales, pese a que las conversaciones con Washington atraviesan un momento frágil. 

“No buscamos armas nucleares y estamos dispuestos a cualquier verificación”, afirmó, aunque reconoció que la desconfianza con Estados Unidos y Europa dificulta alcanzar un acuerdo.

UN ANIVERSARIO TRAS LA REPRESIÓN

Las celebraciones llegan apenas semanas después de una dura represión contra protestas nacionales, que, según activistas, dejó miles de muertos y decenas de miles de detenidos. Durante los actos oficiales se exhibieron misiles iraníes, restos de presuntos drones israelíes derribados y ataúdes simbólicos cubiertos con la bandera de Estados Unidos.

Aunque una parte de la población sigue apoyando firmemente a la teocracia —incluidos miembros de la Guardia Revolucionaria—, otros participaron por obligación laboral o por el ambiente festivo del feriado. Irán cuenta con unos 2,5 millones de empleados públicos, muchos de ellos concentrados en Teherán.

Pezeshkian evitó referirse directamente al derramamiento de sangre, pero reconoció que la represión “causó gran dolor”.

“Estamos avergonzados ante el pueblo y obligados a ayudar a quienes resultaron perjudicados. No buscamos confrontación con la gente”, sostuvo.

No todos se sumaron a la conmemoración. Un hombre, que pidió el anonimato por temor a represalias, observaba desde la acera. 

“Participé en años anteriores, pero ¿cómo hacerlo ahora cuando el asfalto aún está manchado de sangre?”, dijo.

La combinación de celebraciones oficiales, descontento popular y amenazas militares refleja el delicado momento que atraviesa Irán, atrapado entre la necesidad de aliviar sanciones, el malestar interno por la represión y un pulso geopolítico que mantiene en vilo a Oriente Medio.

Con información de AP

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