Mujeres cargan con el peso del brote de ébola en el Congo
En epidemias anteriores en el Congo, las mujeres representaron hasta dos tercios de los casos, una tendencia que podría repetirse.
En la República Democrática del Congo, las mujeres se han convertido en las principales cuidadoras de los afectados por el brote de ébola y, al mismo tiempo, las más expuestas al contagio.
Cada día, Aline Kasiwa, de 28 años, alimenta a su madre enferma, la ayuda a beber y lava su ropa con el temor constante de infectarse. Sin equipo de protección adecuado —apenas una mascarilla básica—, su historia exhibe la realidad de cientos de mujeres en la región.
“Ella es la única familia que me queda. No puedo abandonarla”, afirma. El miedo, sin embargo, también la aleja de los hospitales. “Estos días oímos que allí está muriendo mucha gente, incluso enfermeras”.
Las mujeres, en la primera línea del contagio
En comunidades como Bunia, epicentro del brote, el cuidado de los enfermos recae casi exclusivamente en las mujeres. Son ellas quienes bañan, alimentan y atienden a los pacientes, además de encargarse de tareas como lavar ropa contaminada o preparar cuerpos para entierros, prácticas que incrementan significativamente el riesgo de transmisión.
El actual brote, causado por la variante Bundibugyo —para la cual no existe vacuna ni tratamiento aprobado—, ha dejado ya cientos de casos confirmados y decenas de fallecidos, mientras se teme que la cifra real sea aún mayor.
Especialistas advierten que este patrón no es nuevo. Históricamente, los brotes de ébola han afectado más a las mujeres. En epidemias anteriores en el Congo, ellas representaron hasta dos tercios de los casos, una tendencia que podría repetirse.
“La transmisión del ébola sigue realidades sociales. El virus se propaga a lo largo de las líneas del cuidado, el trabajo doméstico, el trabajo sanitario en primera línea y las prácticas funerarias”, declaró Sofia Calltorp, jefa de acción humanitaria de ONU Mujeres.
Sin cómo protegerse del ébola
La situación se agrava por la falta de equipo de protección. En clínicas locales, médicos y enfermeras reportan escasez de guantes, mascarillas y suministros básicos, lo que expone tanto al personal de salud como a las cuidadoras en casa.
Para muchas mujeres, esto implica enfrentar decisiones imposibles. Algunas, incluso embarazadas, evitan acudir a centros de salud por temor al contagio, sacrificando controles médicos esenciales.
“Sé que hay pasos que debemos seguir con los médicos para vigilar el embarazo y al bebé, pero no tenemos opción porque esta epidemia nos asusta”, relata Ekyambo, una mujer con cinco meses de embarazo.
Organizaciones humanitarias advierten que esta situación podría desencadenar una crisis paralela, con un aumento en la mortalidad materna e infantil debido a la falta de atención prenatal y posnatal.
Mientras tanto, la respuesta sanitaria enfrenta múltiples obstáculos: infraestructura precaria, inseguridad por la presencia de grupos armados y una profunda desconfianza hacia las autoridades tras años de conflicto.
Con información de AP
