Canasta básica presiona cada vez más el ingreso de los hogares

El reporte del Inegi exhibe el desafío para los hogares yucatecos: cubrir lo básico requiere cada vez más recursos

|
Resulta revelador que algunos de los productos con mayor incidencia sean alimentos de consumo cotidiano, como la papa y la cebolla.
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram
Compartir noticia en twitter
Compartir noticia en facebook
Compartir noticia por whatsapp
Compartir noticia por Telegram

En Yucatán, donde una parte importante de los hogares debe distribuir sus ingresos entre alimentación, transporte, vivienda, educación y otros gastos indispensables, las nuevas Líneas de Pobreza de julio de 2026 muestran que el problema no es únicamente cuánto suben los precios, sino cuánto dinero necesita una familia para sostener un nivel mínimo de bienestar.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reportó que el valor de las canastas utilizadas para medir los umbrales de pobreza continúa aumentando, con una presión particularmente marcada en el ámbito urbano, donde el costo de la canasta alimentaria registró un incremento anual de 3.8 por ciento.

Si además se consideran los bienes y servicios no alimentarios, el umbral de la Línea de Pobreza por Ingresos ascendió a 4 mil 884.09 pesos mensuales por persona. En el medio rural, los montos fueron de mil 894.69 y 3 mil 494.78 pesos, respectivamente.

La diferencia entre ambos conceptos resulta fundamental. No basta con comer: el segundo umbral incorpora también los bienes y servicios considerados necesarios para la vida cotidiana.

Por ello, una familia de cuatro integrantes en una zona urbana requeriría, bajo este referente nacional, alrededor de 19 mil 536 pesos mensuales para superar la Línea de Pobreza por Ingresos, mientras que únicamente la alimentación representaría poco más de 10 mil 180 pesos.

Son cifras que ayudan a dimensionar la distancia entre los ingresos disponibles y el costo de sostener un hogar, aunque no constituyen por sí mismas una medición específica de la pobreza en Yucatán.

La lectura para Yucatán obliga a mirar más allá del discurso de que la inflación general se encuentra bajo control.

En julio de 2026, la inflación general anual nacional fue de 3.1 por ciento, pero el aumento de la canasta alimentaria urbana fue superior, de 3.8 por ciento.

Es decir, los productos indispensables para comer se encarecieron a un ritmo mayor que el promedio general de los precios.

Para los hogares de menores ingresos, esta diferencia puede tener un impacto mucho más severo, porque una proporción mayor de su dinero se destina precisamente a alimentos y gastos básicos.

Para Yucatán, donde miles de trabajadores dependen diariamente del transporte para llegar a sus centros laborales y donde los hogares deben cubrir simultáneamente alimentación, educación y movilidad, un aumento salarial puede parecer significativo en términos nominales, pero pierde capacidad real si una parte importante termina absorbida por el supermercado, el transporte o los servicios esenciales.

El reto para Yucatán, por tanto, no debería reducirse a celebrar que la inflación nacional bajó respecto de un año atrás. La verdadera discusión está en si los ingresos de las familias avanzan al mismo ritmo que el costo de vivir.

Porque cuando comer, trasladarse, estudiar y cubrir los servicios indispensables absorben cada vez más del ingreso, el problema deja de ser exclusivamente estadístico y se convierte en una realidad cotidiana.

Lo más leído

skeleton





skeleton