“Canibalismo entre profesionistas” deshonra la ética
Jacinto Herrera León: Debate y salud
El término “canibalismo entre profesionales” no alude aquí al acto antropofágico literal, sino a una metáfora organizacional: la conducta mediante la cual miembros de un mismo gremio, institución o sector se dañan sistemáticamente entre sí para obtener ventajas individuales. Se trata de un fenómeno observable en múltiples campos —medicina, derecho, academia, política, empresa— donde la competencia deja de ser regulada por normas éticas y se convierte en una dinámica depredadora intragrupal.
Cuando las estructuras premian exclusivamente resultados individuales cuantificables (publicaciones, productividad, facturación, visibilidad mediática) sin ponderar la cooperación ni la calidad relacional, se fomenta un entorno de suma cero. El colega deja de ser colaborador potencial y pasa a convertirse en amenaza estratégica. En estos contextos, el “canibalismo” adopta formas como la difamación velada, el bloqueo de oportunidades, la apropiación de ideas, la obstaculización de ascensos o la exclusión deliberada de redes de influencia.
En el ámbito médico, por ejemplo, donde el capital simbólico —prestigio, reputación clínica, liderazgo académico— tiene alto valor, pueden generarse dinámicas de competencia destructiva. El debilitamiento de un colega puede percibirse como fortalecimiento propio. No obstante, esta lógica ignora el principio de interdependencia sistémica: la calidad global de un servicio de salud depende del desempeño conjunto. Cuando se erosiona la confianza interna, disminuye la eficiencia, aumenta el riesgo de error y se deteriora el clima organizacional.
En la academia, el fenómeno puede manifestarse en la disputa por autorías, financiamiento o posiciones jerárquicas. La presión por publicar (“publish or perish”) constituye un caldo de cultivo para rivalidades intensas. Psicológicamente, este comportamiento suele vincularse a inseguridad profesional, narcisismo competitivo y escasez percibida. La teoría de la comparación social sugiere que la identidad profesional se construye en relación con pares; cuando el éxito ajeno amenaza la autoimagen, puede activarse una respuesta defensiva agresiva.
Las consecuencias son profundas. Primero, deterioro del capital social interno: la confianza, recurso intangible, pero esencial, se fragmenta. Segundo, pérdida de talento: profesionales valiosos migran hacia entornos más saludables. Tercero, daño reputacional externo: instituciones con conflictos internos visibles pierden credibilidad. Finalmente, desgaste moral: la práctica profesional pierde su dimensión vocacional y se reduce a lucha estratégica.
En última instancia, el “canibalismo entre profesionales” revela una paradoja: al intentar fortalecerse debilitando al otro, el individuo contribuye al deterioro del ecosistema que sostiene su propia práctica. En sistemas complejos, la competencia sin ética no genera excelencia, sino entropía organizacional. La madurez profesional consiste en comprender que la verdadera ventaja competitiva radica en la cooperación estratégica y en la consolidación colectiva del prestigio y la competencia técnica.
Buscaremos el golpe de timón, ya que el mercantilismo en profesiones como en la medicina junto con la charlataneria estan a la orden del día. La mentoría intergeneracional transforma la competencia en emulación constructiva.
