La cueva del Drach en Mallorca

Mitos y cavernas, columna de Carlos Evia Cervantes: La cueva del Drach en Mallorca

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En uno de mis frecuentes viajes a Cuba, encontré en una venta de libros antiguos una especie de folleto titulado Cuevas del Drach. Se trataba de una edición facsimilar cuyo autor, para mi sorpresa, es Édoard Alfred Martel, fundador de la espeleología moderna.

Este pequeño libro trata de la cueva de Drach o del Dragón, como quiera decirse, y fue redactado como una bitácora. Martel dice que la cavidad citada se sitúa en la costa oriental de Mallorca, en la parte opuesta a Miramar, a 12 kilómetros de Menacor, que es la segunda población de la isla, a orillas de una bahía muy sinuosa, donde se levanta Porto Cristo, un lugar turístico.

La entrada es un embudo de derrumbamiento, abierta entre los estratos dislocados de caliza miocena superior, en la cual está contenida la caverna entera. El autor estima que por largo tiempo la cueva estuvo oculta por zarzas y arbustos, porque su acceso es una simple hondonada en un terreno llano que tan sólo se eleva a 22 metros sobre el nivel del mar vecino.

Sin embargo, en cuanto se traspasa el muro y la puerta colocados 5 metros cuesta abajo, es decir, a 17 metros de altura, se entra en un ancho vestíbulo iluminado por la luz del día, y se observa su propia grandeza, debajo de la tierra. Como las partes conocidas de esta cueva ya han sido descritas por otros autores, dice Martel, él se limitará a resumir lo que de ella se ha publicado.

Al describir la cueva del Drach, Martel las nombra como si fuera grutas interiores. Por ejemplo: La cueva Blanca, la gruta Negra, la cueva del Archiduque Luis Salvador, la cueva de los Palomos, la cueva de Belén y la cueva de los Franceses. También hace referencias a otros espacios, y se refiere a ellos como Sala de los Herreros, el Baño del Sultán y la Cúpula de Moragues. En cuanto a los cuerpos de agua los denomina de la siguiente manera: lago Negro, fuente de Jaricó, lago Miramar, lago de las Maravillas, lago de las Delicias y lago de la Gran Duquesa de Toscana.

Entre las anécdotas que agrega Martel, está una que sucedió en abril de 1878 cuando esta caverna empezó a ser visitada en forma turística y se refiere a dos personajes que ocuparon a un falso guía; los tres se perdieron y estuvieron a punto de suicidarse antes que morir de hambre. Afortunadamente un especialista local logró rescatarlos. En agradecimiento regalaron a su salvador una vasija encontrada allí y considerada romana.

Con todo lo expuesto, concluye Martel, se demuestra que la Cueva del Drach es una gruta marina de excepcional extensión y que se formó en medio de una caliza terciaria, caracterizada por la presencia un erizo fósil de mar (Clypeaster altecostatus).

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