La gruta de Juxtlahuaca

Mitos y cavernas, columna de Carlos Evia Cervantes: La gruta de Juxtlahuaca

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Esta majestuosa cavidad se encuentra en el municipio de Quechultenango, en la región central del Estado de Guerrero. Se le dio el nombre del pueblo más cercano a ella y Juxtlahuaca significa: “No hay tierra seca”, “todo está húmedo”. Esto concuerda con las características de la región, permanentemente irrigada por los manantiales que surgen a un costado de la gruta y que forman el río Blanco.

La historia de esta cueva empieza con la ocupación del área por los olmecas y las evidencias se manifiestan en las pinturas rupestres que allí se encontraron.

Estas pictografías constituyen el principal atractivo del recorrido y han generado una polémica respecto a su antigüedad, estimada en 900 a 300 a C. La interpretación que normalmente se hace en torno a la primera de las imágenes es que representa a un hombre jaguar lujosamente vestido con una túnica policroma de bandas horizontales, que lleva atado a un prisionero. En la bóveda siguiente, hay otra imagen que parece representar a una serpiente pintada de rojo. De cerca, puede percibirse que el ojo de la serpiente está marcado por un motive de bandas cruzadas o “cruz olmeca”, y su cabeza está rematada por una cresta verde. Enfrente de la serpiente está la tercera figura que representa a un jaguar, de enorme simbolismo entre los olmecas.

En la historia reciente, fue el profesor Andrés Ortega Casarrubias, quien dedicó gran parte de su vida a explorar el interior de la caverna, a promocionar su desarrollo turístico y sentar las bases de su protección. En 1996, Juxtlahuaca era administrada por el hijo mayor del difunto Andrés, Enrique Ortega Jiménez, mismo que continúa la exploración, guianza y protección de la gruta.

Debe mencionarse, con toda justicia, que Juxtlahuaca es un buen ejemplo de cómo sí se pueden crear las condiciones de seguridad para el visitante sin alterar, de manera significativa, la naturaleza de la gruta. El recorrido no requiere de andadores que le quitan la naturalidad a la caverna. Los pocos escalones acondicionados allí cumplen su función sin contrastar mucho por su origen artificial, ya que están hechos de las mismas piedras del interior.

El guía lleva consigo una lámpara y la mayoría de los visitantes también, ya que no hay un sistema de iluminación permanente dentro de la gruta. Ortega Jiménez ha desarrollado un discurso ameno y educativo; porque al tradicional señalamiento de los espeleotemas por sus formas, se agrega los conocimientos geológicos que permiten explicar el origen de las formaciones. Además, Enrique intercala la información arqueológica, histórica y el anecdotario generado por los visitantes de tantos años.

Generosamente Ortega Jiménez me obsequió una publicación quincenal editada por el Centro de Investigación y Cultura de Chilapa de Álvarez, el Nº 104, dedicado a las Grutas de Juxtlahuaca. La belleza de esta cueva rebasa por mucho la imaginación.

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