Chuy Aktún o Gruta del Jaguar (II)

Mitos y cavernas, columna de Carlos Evia Cervantes: Chuy Aktún o Gruta del Jaguar (II)

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En marzo de 2005 un equipo del Grupo Espeleológico Ajau fue a explorar la cueva Chuy Aktún también llamada la Gruta del Jaguar, ubicada en el municipio de Ticul. El señor Herbert Pech Canul fungió como guía.

Desde el inicio del recorrido en la cavidad encontramos numerosos fragmentos de cerámica y al menos dos metates rotos. Todos estos vestigios arqueológicos, además del gran muro inicial, nos indicaron la gran cantidad de trabajo humano invertido y que apoya el argumento que el mismo Herbert señaló al principio: la gruta fue utilizada por los antiguos mayas. 

Avanzamos entre galerías, pequeños túneles y muros tipo albarrada. Herbert nos preguntó sobre esos muros y nosotros le explicamos que, de acuerdo con el contexto, dichas construcciones quizá se realizaron para indicar las áreas rituales. El guía dijo que le parecía apropiada la explicación pues los campesinos aún entraban a las cuevas para obtener el sujuy ja (agua virgen) que sirve para preparar el saká, bebida de maíz usada en los rituales agrícolas como en el caso del Chaachak, ceremonia de petición de lluvias. 

Continuamos la exploración hasta que llegamos a la sección en donde se encuentra la osamenta supuestamente del jaguar, elemento que fue utilizado para tratar cambiar el nombre a la caverna. En varias partes de la superficie pavimentaria, la caverna tiene horadaciones que podrían ser, según nuestro guía, huellas de extracción de barro. El supuesto nos pareció congruente pues el municipio de Ticul se caracteriza por la calidad y variedad de su producción de alfarería. 

Aun cuando la gruta no es muy compleja, si existe cierto grado de complicación porque se han formado gruesas columnas que dejan detrás de sí conductos y recovecos estrechos que nuestros compañeros exploraron. Entre los elementos de la fauna más visibles están los murciélagos, en este caso muy pequeños; polillas, grillos, cucarachas y amblipígidos (Paraphrynus sp). Estos últimos son un tipo de arácnidos que pueden llegar a medir 20 centímetros de diámetro con todo y extremidades. En esta ocasión vimos cómo uno de ellos devoraba un murciélago ya muerto.

En una sección ubicada más al fondo de esta cueva vimos una estalagmita sobre una vasija de barro. A pesar de que dicha formación se veía unida a la pieza cerámica, nos extrañó el hecho que no hubiera señales de sedimentación adicionales como sucede en otros casos en los que se forman estalagmitas sobre las vasijas. 

Al finalizar la exploración, concluimos que esta cueva tiene un gran valor desde la perspectiva arqueológica y de la antropología social debido a la presencia de los vestigios arqueológicos, los rituales que allí se practican y la tradición oral asociada. Agradecimos a Hebert Pech su disposición para guiarnos al interior de esta bella y valiosa caverna que indudablemente aportará su riqueza al patrimonio cultural de Ticul.

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