Los libros fortalecen la mente y el espíritu

Primer sorbo, columna de Hiram Ventura Borges: Los libros fortalecen la mente y el espíritu

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Columna de  Hiram Ventura Borges:
En 1989, con el objetivo de fomentar la lectura y la promoción editorial, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró el día 23 de abril como el Día Internacional del Libro en honor a que en dicha fecha fallecieron tres grandes autores: Cervantes, Garcilaso de la Vega y Shakespeare. A partir de entonces, año con año, varios países se han sumado a esta conmemoración y México no ha sido la excepción. Sin embargo, en nuestro país la cantidad de libros que se leen al año está muy por debajo de las naciones que lo lideran. Por ejemplo, países como Francia, Canadá e India andan en un promedio de quince libros leídos al año por habitante, mientras que en México apenas alcanzamos los tres libros al año.

Algunos de los muchos factores de este fenómeno en México es el costo de los libros, la limitada oferta de bibliotecas o librerías, ausencia de un entorno que propicie la lectura y por supuesto falta de interés y del hábito lector por disfrute. Empero, en este escenario existen propuestas que abonan a lograr un México lector, una de estas iniciativas es el Programa Nacional Salas de Lectura (PNSL) de la Secretaría de Cultura federal que desde hace varios años brega por el fomento al libro y la lectura. En todo el territorio nacional hay cerca de 4 mil salas de lectura y en nuestro estado existen casi 200 salas activas repartidas en toda la entidad. Las salas de lectura son lugares de encuentro donde se lee, se comparten las lecturas, se hacen recomendaciones literarias, se escribe, se expresan las propias ideas y se hace comunidad.

Todas estas actividades están guiadas por un mediador que promueve la lectura y acompaña a los participantes en el proceso lector. Estos mediadores son voluntarios que han sido capacitados a través de un diplomado de profesionalización que les ayuda a promover la lectura y a dialogar con los usuarios a través de las ideas contenidas en los libros y las experiencias surgidas a partir de su lectura. Reciben capacitación constante y acervos que apoyan la tarea de mediación.

Estas salas de lectura tienen usuarios según los intereses de la propia comunidad, por ejemplo, primera infancia, niños y jóvenes, adultos, adultos mayores, sólo mujeres, grupos vulnerables o en reclusión, migrantes, etc. Y pueden encontrarse en lugares tan disímbolos como escuelas, bibliotecas, casas particulares, espacios públicos, parques, cafeterías, heladerías, plazas comerciales, hospitales, incluso itinerantes. Son más que un encuentro con los libros, son un encuentro con una comunidad a la cual se pertenece ya que ahí se desarrollan lecturas grupales, individuales, lectura en voz alta, cuentacuentos, talleres, estrategias innovadoras de promoción lectora como el Kamishibai (de origen japonés, es un teatrillo de madera donde se deslizan láminas que cuentan la historia mientras el mediador va relatándola); la creatividad de los mediadores y de los usuarios es el limite.

Así, que el marco del Día Internacional del Libro sea un buen pretexto para acercarte a alguna sala de lectura, recuerda que leer es viajar a universos que solo nuestra imaginación puede crear, libera nuestras emociones, nos invita a ser empáticos y nos ayuda a fortalecer mente y espíritu. 

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